Madrid | Triunfo al natural de Ángel Téllez

Por Blázquez del Coso | Fotografía de Susana Ortiz

La décima del abono de San Isidro llegó como el descarte generalizado. Tan solo los astados de Arauz de Robles invitaban al mas optimista a pensar que podría suceder algo en el ruedo. ¡Y vaya si pasó! Comenzaba el festejo con la salida del primero tris de la ganadería suplente de Chamaco. El titular, de nombre Talador N27, había salido de chiqueros con muchos pies y repitiendo en el capote de Joselito Adamen con buen tranco. Largo y ensillado de estampa, tan solo pudo completar el tercio de varas, con tres entradas en una pésima línea, antes de partirse la mano de la trasera izquierda. Salió en su lugar el primer sobrero de Chamaco, Sombrerero N9, y no tardó en volver a asomar el pañuelo verde por falto de fuerzas y caídas repetitivas. A la tercera fue la vencida y no tardó el mexicano en salir a buscar a su oponente, con el hierro de Chamaco, a los mismos medios. No fue la tarde de Oscar Bernal, que hasta en tres toros tuvo que actuar, sin el resultado de otras tardes. Tampoco se encontró faceta lidiadora en Adame, que parecía ya cansado de tener que poner en suerte a un tercer toro. Afanoso N1 fue un manso que repitió en la muleta, pero que pasó inadvertido del caballo titular y hasta regateó al que cerraba su huida hacia la puerta. Cuatro tandas de largo, sin atender a la colocación que exige Madrid, como cimientos inestables de una faena a la que llegaron antes los adornos que el toreo fundamental. Carantoña N63 asomó desde el umbral de la puerta de toriles para hacer de cuarto y regalar esa transmisión con recorrido tan necesaria en Madrid. Avisó de su mansedumbre durante los dos primeros tercios y a la tercera no falló en el derrote por dentro. Pegado a las tablas del nueve y por estatuarios quiso recibir Adame al toro con la condición ya indicada, llamando a las puertas de una desgracia. El choque y la voltereta que le siguió al impacto del toro con el impávido torero fue terrible, pero tras unos segundos de corrillo mientras el toro correteaba por la sombra, recuperó la vertical para enfrentarse al oponente que le había lanzado al piso. Le siguieron al accidentado inicio cuatro tandas con la derecha flanqueando el intento con la zurda al natural. La sensibilidad adquirida tras el inicial choque de trenes hizo que gran parte de la plaza jaleara la actuación de un torero que no consiguió dominar a su adversario. Tal fue la fragilidad y la brevedad del entusiasmo que no hizo falta mas que un pinchazo para que los pañuelos de toda la plaza se quedaran en el bolsillo. No le importó a Joselito Adame, que de puntillas y aprovechando que las banderas mexicanas ondeaban al inicio del trayecto, se regaló una protestada vuelta al ruedo.

Pese a las polémicas desatadas alrededor del mexicano, el que dio que hablar fue Ángel Téllez. Probó con un par de estandarizadas tandas de derechazos a Campiña N73, pero pronto se dio cuenta que de lo que hablarían los tendidos de Madrid sería de su toreo al natural. Dos tandas ligadas bastaron para que redondeara su comparecencia en la primera plaza del mundo, pero quería más. Agradó y convenció al respetable cruzándose al pitón contrario del astado y dejando uno a uno los naturales a pies juntos que los revisteros sacarán en sus crónicas. Con la espada lo puso todo de su parte, pero el pinchazo primero le privó de un premio mayor que la vuelta al ruedo que mereció, se pidió y jaleó. De esta forma, se unió a las dadas por Daniel Luque, El Juli e Isaac Fonseca en la tarde de ayer. Ahí queda el reconocimiento. No redondeó su tarde con Vicuña N45, el de mas calidad de la corrida y al que se le recetaron todo tipo de ventajismos.

Poco o nada se puede comentar de la entrecomillada actuación de Pepe Moral, que tanto cartel ha ido perdiendo. Y visto lo de hoy, que no se encontró en ningún momento de la tarde, debería preocuparle. El primer novillo, porque es lo que parecía, se rajó después de los tres primeros pases con la muleta. El quinto de la tarde se paraba y resultaba incómodo como desparramaba la vista sin prestar demasiada atención a los trastos que por delante se le ponían. Mucho codilleo y poco sitio para confirmar lo que se barruntó con el primero.