Madrid | Un necesario y variado regreso de los toros a Las Ventas

Por Noelia Crespo | Fotografía Susana Ortiz

Acto de final de campaña o como quieran llamarlo, pero vaya alegría y emoción ver de nuevo un festejo en Las Ventas. Hoy, en un festival bien presentado, el público pudo disfrutar del regreso de toros encastados, inválidos, enclasados…, de toreros inspirados, desdibujados o en su línea. Qué necesaria era la vuelta de los toros a Madrid. Ahora esperemos que sea de continuo.

Diego Ventura comenzó la tarde de manera inmejorable. “Montecillo – 6” de la ganadería de El Capea permitió al luso realizar una faena excepcional aprovechando su clase, tranco templado y nobleza. ‘Fabuloso’ fue un caballo de categoría, dejándose llegar al de murube, poniendo pares de banderillas muy ceñidos y realizando piruetas en la cara del astado con un dominio al alcance de muy pocos. Lío, Campina o Guadiana fueron algunos de los caballos con los que pudo completar una faena de doble trofeo Ventura.

Triguero – 36” de Juan Pedro Domecq quedó inédito. Inválido tras los primeros tercios, el rigor y seriedad de Madrid lo devolvieron a toriles. “Onírico – 117” salió como sobrero y volvió a toriles en apenas minutos. Otro inválido en la lista de Juan Pedro. Y van… A la tercera fue la vencida y Enrique Ponce se vio las caras con “Mariposo – 46” de Carmen Lorenzo, el sobrero de rejones. Lo que faltaba por ver. El manso murube tuvo calidad por el pitón izquierdo, lo que aprovechó Enrique para realizar una faena de enfermero excesivamente larga. Dibujó algún natural con mayor suavidad en una faena de apenas conexión en los tendidos.

Tras hora y veinte minutos salió “Picante – 199” de Garcigrande consiguiendo que la espera mereciera la pena. Desde el primer capotazo vimos la nueva versión de El Juli, más vertical, más natural y con mayor poso y gusto. Meció la capa con suavidad y temple, bajandole la mano y toreando despacio con las muñecas al de Alaraz. Virtudes le sobraron al pupilo de Justo Hernández con una clase excepcional que supo entender a la perfección el torero de la casa. Julián, por ambos pitones, lució series y tandas llenas de muletazos de mano baja, encajado de riñones y mentón hundido que conectaron rápido con los tendidos. Sin forzar y sin brusquedad, echando los vuelos y llevándolo templado con profundidad, remató la faena con una estocada. Doble trofeo para el madrileño.

Jabaleño – 162” desbordó por completo a José María Manzanares en una faena falta de ideas. Sacó un torrente de casta el de Toros de Cortés que exigía mando, poder y torear, algo que el alicantino no supo darle. Empapandolo de muleta por derecho, solo ligó en redondo y sin parar algunas tandas de mayor calado. El toro pedía el carnet y a Manzanares, seguramente, se le vinieron los fantasmas de “Ruiseñor” en Bilbao. Al igual que aquel día, el encastado de Guadalix de la Sierra se fue por el patio de arrastre ovacionado y sin torear. Culminó con su mayor virtud, una estocada en lo alto.

En quinto lugar salió “Belicioso – 53” de Fuente Ymbro correspondiente a Miguel Ángel Perera. De hinojos en los medios, como tantas veces, lo pasaportó por la espalda y por derecho con facilidad. El astado humilló y repitió en la poderosa muleta del extremeño que toreó con mano baja siendo fiel a su concepto. Realizó una faena más que larga, llena de muletazos sin trascendencia y que nadie recordará para culminar en las cercanías del animal donde tan confiado se le ve siempre. Oreja a la eternidad.

Pasó y pasó “Rugidor – 12” en la muleta de Paco Ureña en el sexto de la tarde. Pasó, que no embistió, un astado que no se entregó en la franela del lorquino en ningún momento. Voluntarioso, pero con semblante tristón, lo intentó por ambos pitones dejando algún pasaje con la pureza que le caracteriza. No trascendió la labor de Ureña ante la nula transmisión de su oponente.

El novillero Guillermo García demostró que no vino a Madrid a pasar el rato. A “Canelo – 53” de El Parralejo le recetó con actitud varias largas cambiadas en el tercio para después lancearlo a la verónica con temple y gusto. Tras un buen puyazo, decidió brindar a sus compañeros de cartel. Y es que, vaya compañeros soñados tenía enfrente el joven madrileño. Sereno y con compromiso, hilvanó muletazos por ambos pitones con un concepto clásico y profundo aprovechando la nobleza y prontitud del animal. Valeroso en cercanías, recibió varias volteretas sin consecuencias. Estuvo en novillero, pero con un aplomo y seriedad que invitan a pensar que puede haber futuro. Alargó su sueño en exceso paseando finalmente una oreja.

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