Madrid | Un palco de guante blanco

Por Blázquez del Coso

Desde primera de abono o primera bis, yo prefiero tomar el ordinal que le corresponde dentro de ciclo mas allá del orden de los carteles sobre el papel. Ya se venía barruntando desde entonces y lo cierto es que apenas había dudas de que los toros en el limbo por exceso de edad han acabado por salir del encierro. Hoy no hay previsiones de lluvia ni por casualidad, pero el sol apenas cubre un escaso sector de la piedra de Las Ventas. Sobre el papel están anunciados Diego Urdiales, Manzanares y Paco Ureña con los hierros de Jandilla y Victoriano del Río.

Libertino 109 sale al ruedo para dar el pistoletazo de salida a la acción en el ruedo. Lejos se queda toda acción posible y el toro que tiene Diego Urdiales delante es un inválido de libro. Sin sonrojarse, la presidencia a cargo de Juan Francisco García va sacando los pañuelos para ordenar que todo siga según lo previsto en los despachos. Si quieren un sobrero, que lo paguen. ¡Faltaría más! Devolver un inválido, ¿en que estamos pensando? Si sigue vivo, a por él y que la fiesta continue. Pues bien, no es difícil averiguar como acaba esto. Con el cuarto no empiezan las cosas mucho mejor. Lo del caballo sigue siendo de traca. Urdiales y Bochornoso 102 están en el ruedo, pero como debe ser la cosa que desde la sombra – la de siempre -, le piden abreviar por la somnolencia del momento. Creo que no hace falta decir más.

José María Manzanares tiene como primero de su lote a Insidioso 161, un toro impresentable para Madrid que, otro más, pasa el trámite del caballo como si de una sesión de acupuntura se tratase. También por el engaño del mismo, porque no hay cosa mas vergonzante que apoyarte en el palo y parecer que las manos van untadas en vaselina. Dos entradas, si. Oigo que la muleta de Manzanares va creciendo a razón de cinco o seis centímetros por año y nada se ajusta mas a la realidad. Con el palillo por encima de la cadera, la sábana ya arrastra por la arena. El pitón que debe trabajar es el izquierdo que todos, incluso él, hemos visto. Por eso mismo se va al derecho, en las cercanías del cuatro, para trapear con comodidad. No es de recibo usar el término trasteo. Este toreo es el ideal para la plaza triunfalista en la que se está convirtiendo Madrid y por suerte – seamos claros -, la oreja no llega. A ver que estadísticas de trofeos nos presenta al finalizar la temporada la empresa para justificar la categoría de la plaza y de su brillante gestión. Casero 103 no es el toro mas pesado del encierro, pero si parece el mas feo. No por hechuras ni por la capa sarda que viste; algo hay que no acaba de gustarme a título personal, claro. En la primera vara derriba al jaco y la segunda la toma con la cara muy abajo. Esto se pone interesante y vamos a verle en la terca entrada, que por derribo en la primera y la buena condición que se le va averiguando, es necesaria. Eso andamos pensando los aficionados, pero no Manzanares. Cambio de tercio y a seguir, pese a no haber futbol. Algunos tienen mucha prisa. Va a tener que esforzarse si no quiere que el animal le pase por encima en la muleta. No está dispuesto a eso y en lugar de igualarse al toro, pretende igualar este a él. ¿Cómo? Acortándole los terrenos y haciendo de lo bueno, lo peor. Ya no engañan a nadie, aunque lo intentan todos los días. Las palmas en el arrastre al toro son unánimes y, lejos de tapar con vergüenza torera su pésima actuación, Manzanares sale a recoger una ovación al igual que en el primero.

Este tercero de la tarde y primero para Paco Ureña es mas toro que los dos anteriores, aunque con menos cara. Destaca de la lidia a Oportuno 73 el enfrentamiento con el caballo; no por la pelea en varas, pero si por el caballo en sí. Parece muy ligero y el cuello largo junto a las patas delgadas que se averiguan en la inserción con la pezuña lo aclaran. Mirando al que guarda la puerta, la diferencia en los pechos también es significativa, aunque por efecto de la distancia, este debería verse mas grande que aquel. Justo al contrario. La faena se divide en dos o tres actos, según lo vea cada uno. El primero se desarrolla estando fuera con la muleta en la mano derecha. Con la izquierda lo ve mas claro y de uno en uno saca naturales de mucha calidad. Todo saben que Madrid puede olvidar la necesidad de ligazón cuando lo que se está haciendo de forma aislada está justificado. No entiendo que se olviden siempre de ello y, como le está pasando a Ureña, vuelva a bajar la faena por esta razón. La tarde se cierra como empezó; con un invalido que el palco vuelve a permitir lidiar. Esto es lo que respetan al público, desde las autoridades a los actuantes. Me dirán que emoción o interés tiene lo que pasa en el ruedo cuando esto sucede. Al final hemos visto cuatro toros que, sea cual sea su condición, son aptos para lidia. 

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