Madrid | Una tarde para cambiar el toreo

Por Noelia Crespo

Qué bonito a la par que injusto puede resultar el toreo en apenas ciento ochenta minutos. La desgracia de un percance, el reconocimiento a la dignidad de quien se entregó con todo lo que tenía dentro y la excelencia de un toro bravo con mayúsculas completaron todos los actos que ayer se vivieron en Madrid. 

Era la tarde de su vida, una fecha que más que para cambiar el toreo servía para reafirmar el sitio que se ha ganado por méritos propios en este complejo mundo lleno de entresijos. De estreno con un catafalco y plata precioso partió Emilio de Justo a afrontar uno de los días más importantes de toda su carrera en la primera plaza del mundo. La apuesta era mayúscula, pero el triunfo y el éxito ya lo había conseguido antes del paseíllo con 20.139 espectadores de todos los lugares nerviosos por ver al de Torrejoncillo citarse con la historia. Brindó al cielo, y no dudó, sabedor de lo que suponía encerrarse con seis toros en Las Ventas, apostó sin miramientos con el de Pallarés. Se entregó a Madrid y la caldera madrileña respondió en unos muletazos que quedarán para el recuerdo. No se alivió en la suerte suprema, aun sabiendo que tenía otros cinco en chiqueros, y vino la desgracia, una peligrosa voltereta obligó a Emilio a abandonar su cita épica camino de La Fraternidad, donde horas después se confirmó la gravedad de la lesión. De la gloria a la mala suerte, el toreo es eso, épica, miedo, emoción, compromiso, entrega…y eso es lo que lo hace único.

En otro acto, y de la mano de su hija, entró el torero que nadie esperaba que acabara siendo el protagonista de la tarde: Álvaro de la Calle, un salmantino con veintitrés años de alternativa, aunque seguramente desconocido para muchos a pesar de su veteranía. Serio y comprometido, no le pesó lidiar con cinco toros de la categoría de Madrid con las coherentes carencias de quien apenas torea. Entre ellos, mención especial a “Duplicado – 145” de Victoriano del Río, un torrente de bravura que lució en todos los tercios y con el que bien podría hacerse una ganadería. Bernal, Arruga, Revuelta y Chacón, fueron los otros nombres propios de una faena a un animal que fue despedido con honores de la Monumental tras una vuelta al ruedo clamorosa. Enhorabuena al ganadero. Y, pasadas las nueve de la noche, se repitió la misma escena con la que vino el salmantino, andando y acompañado de su familia se marchó todo un profesional de los pies a la cabeza tras solventar toda una papeleta de una manera más que digna. Honor y respetos para un torero al que deberían premiarle el esfuerzo realizado. 

Este Domingo de Ramos en la capital será recordado por el sinfín de emociones mezcladas que conjugaron una tarde para cambiar el toreo, aunque no seguramente de quien primeramente se esperaba. Emilio, el toreo ya le está esperando con ansias, pronta recuperación. Álvaro, siga con esa enorme afición, enhorabuena por su tarde.