Madrid | Valdefresno encabeza la lista de «no deseados»

Por Blázquez del Coso

Pese a que la Plaza de Toros de Las Ventas es coso de contrastes en sus tendidos, con el día de hoy ya son dos seguidos en los que lo que sucedía en el ruedo ponía de acuerdo a todo el que lo escudriñaba mas allá del anillo. Una por buena, esta por mala. Mansedumbre y falta de casta como denominador común a los toros que echó la ganadería de Valdefresno. El descanso de estos toros salmantinos es obligado durante un largo tiempo en Madrid. A la de esta Feria de San Isidro hay que sumar la del Día de la Hispanidad de 2019 o la lidiada en el ciclo isidril del mismo año. Si el viento no faltó en aquellas, tampoco en esta; al igual que la condición de los toros. Los toros, dormidos en el caballo y buscando las tablas de manera recurrente, justifican el merecido castigo.

Pese a la imprevista presencia de un frío impropio para la fecha, cerca de 1.500 localidades permanecían calientes en el tendido. El cartel – en terna para Daniel Luque, José Garrido y Juanito – tenía todos los ingredientes para no marcar la equis en el formulario de la composición del abono. Segundo compromiso de Luque en lo que llevamos de una temporada en Madrid donde le ha tocado lo mas manso que había. Antes de lidiar con su primero, le había confirmado la alternativa a Juanito, que se puso pesado con el abreplaza Manzanillo N14. Una y otra vez se escuchó el sonido del palillo contra los pitones ante un impotente Luque. Llegó entero a la muleta, por no recibir ni una pizca de castigo en varas, y no paró de defenderse con la cara a la altura del pecho del torero. Con el cuarto cambió el planteamiento y apostó por las cercanías. Estuvo firme, pero la plaza ya había formado su veredicto.

Ni un solo papelillo revoloteaba por la arena de Madrid y tanto es así que la cosa andaba a la deriva. José Garrido apostó por una faena trabajada en los terrenos del nueve y tan solo consiguió sujetarle. No dio ni una por la falta de sitio, principalmente, pero se dio una vuelta a ruedo para entrar en calor. Con el quinto abrevió, que ya apretaba el frío y la cosa no tenía vistas de remontar en ningún momento.

Ya casi se nos había olvidado que por ahí seguía el confirmante Juanito que, pese a la perplejidad del respetable, realizó un trasteo larguísimo que se eternizó con el reiterado fallo con losa ceros. Esta vez no fue el palco quien le concedió el tiempo de gracia, pero algo se le debió aparecer para que en el último suspiro acertara con la cruceta. Hoy acertaron los que se quedaron en casa.