Manzanares | Adrián Reinosa pone la actitud en una desangelada tarde de Conde de Mayalde

Por Adrián Blázquez

La localidad manchega de Manzanares celebró la última de las novilladas clasificatorias de Certamen Promesas de nuestra tierra con erales de Conde de Mayalde para José Ponce, Carlos de María y Adrián Reinosa, que se llevó la tarde en la antesala de final del certamen.

Con ayudados por alto recibió José Ponce al eral que abría la tarde con la intención de mantener sobre las cuatro extremidades a un animal que debió ser devuelto por la autoridad ante la notable invalidez que manifestó con numerosas caídas durante los dos primeros tercios. Lo ciudó José en la muleta, presentándole las telas a media altura y tratando de sacar alguna tanda entre las cortas embestidas del animal. Pese a echarle los vuelos con suavidad, no consiguió corregir la querencia del astado, que se metía por los adentros de la muleta. Probó las cercanías al final de la faena y resultó desarmado. Dejó una estocada al tercer intento tras aviso.

Con el cuarto dejó un buen saludo a la verónica antes de que su compañero de cartel Carlos de María quitara por faroles para rematar con una revolera. De inmediato respondió el novillero en turno con un toreo de capote fundamental que redondeó con un remate a una mano. Mas novillo presentó el cuarto eral de Mayalde, que pese a echar la cara arriba, ofreció mas opciones que sus hermanos. Se apagó pronto sin embargo, yendo de mas a menos. Por su parte, Ponce no terminó de redondear una actuación con muchos altibajos, en la que sumó puntos sobre la campana con una estocada arriba que le valieron para cortar las dos orejas del eral.

Arrolladora salida tuvo el primero en suerte para Carlos de María, que fue arrollado por un animal con signos de visión defectuosa. Atento estuvo José Ponce para realizar el quite a su compañero, que perdió le perdió la cara tras rehacerse de la voltereta y buscar el abrigo de las tablas. Fue acortando la distancia a medida que transcurrió la faena de muleta a un animal que tenía bien estudiado tras incluso tomar partido en el segundo tercio. Gracias a la corta distancia consiguió disimular el defecto del animal en una faena plana donde salía distraído de los naturales. Cerró el trasteo con la muleta por manoletinas y se atascó con estocadas defectuosas. Oreja.

A portagayola se fue para recibir al quinto del festejo, que se enceló en el capote de un torero que no fue capaz de parar a su oponente tras levantar las rodillas del suelo. Precisó de la ayuda de su cuadrilla para fijar al animal y lancearlo a la verónica, lo que dejó visible la falta lógica de recursos de quien empieza en esto. Volvió a protagonizar el tercio de banderillas con una correcta ejecución. Ya con la pañosa, se encontró frente a un animal que rehuyó la pelea, recorriéndose el anillo de la plaza a escasos metros de las tablas. Aprovechó Carlos alguna embestida huidiza del animal para hacerlo pasar bajo sus telas. Le faltó la calma y los buenos consejos desde el callejón para estructurar la faena al manso. Cortó una oreja tras una estocada baja.

Completaba el cartel Adrián Reinosa, que saludó al tercero de la tarde meciendo muy bien el capote a la verónica y arrancando la primera ovación sonora del festejo. Quitaría Ponce por tafalleras a otro novillo que acusó falta de fuerzas desde los inicios. Con actitud y pisando con firmeza por el ruedo, lo puso todo tirando del astado al natural, por donde dejó los mejores momentos. Cuando se perfilaba para matar, una impertinente asistente consideró que era el mejor momento para robar el protagonismo con su indeseado cante desde el tendido. Dos muletazos mas para poner en suerte al animal y pinchazo arriba al primer intento. La prematura conexión con los tendidos le hizo cortar las dos orejas al primero de su lote.

Rodilla en tierra comenzó con el que cerraba la tarde en Manzanares, que le desarmó al volver al toreo vertical. Tras imponerse al mando inicial del novillo y como hiciera en su primera faena, toreó con el compás abierto al natural. Llegaría el segundo susto de la faena, tras la voltereta sufrida por su banderillero, al rematar un pase de pecho donde el animal se revolvió con rapidez para lanzarlo por los aires con un aparatoso aterrizaje sobre la arena que no tuvo consecuencias aparentes. Se rehízo con rapidez para continuar por la izquierda y no fue hasta que cogió la mano derecha cuando se le descubrieron mas defectos. Desistió para seguir con la zurda y consiguió cortar la última oreja del festejo tras dejar la espada al tercer intento.

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