Por Adrián Blázquez

Ya sabemos que los refranes forman parte de la sabiduría popular que ha transcendido durante los años. Esta vez no iba a ser menos.

Tras una tarde soporífera en la que solo las telas conseguían despegar por culpa del viento, tocaban clarines para recibir al quinto de la tarde. Horroroso de nombre y como antítesis a su condición salía por los chiqueros de la plaza de Valencia. Con un tranco propio de los buenos toros de Jandilla, ya se atisbaba una vez más el buen saber popular y es que esta tarde no habría un quinto malo.

Embebido en las telas del capote de Sebastian Castella, Horroroso solo encontró obstáculo a su codiciosa embestidas en el peto del caballo de picar. Derribando al equino en las dos entradas reglamentarias, pasaría por la suerte de varas con su condición intacta. Buen sitio encontró el jinete para colocar ambas varas, más sin permitir que Horroroso mostrara su bravura en la lucha con un caballo que no actuaría como rival.

Crecido en banderillas y siempre a más en su embestida, parecía que la faena de muleta no agotaría nunca la acometividad de un toro que repetía y repetía persiguiendo los trastos de un torero francés que esta vez si quiso olvidarse del viento que marcaba el transcurso de la tarde.

Empezaba el idilio entre los tendidos y la máxima autoridad de la plaza. Los pañuelos blancos pidiendo el indulto inundaban las localidades del coso de Xátiva cada vez con más fuerza mientras el presidente, a la vez que hacia gestos de ir a por la espada, anunciaba el segundo aviso. 

Fue la suerte de varas quien, por una vez y en cumplimiento de su misión, le privarían a un toro bravo de volver a reencontrarse con sus hermanos en la dehesa. No acabará aquí la historia de Horroroso, pues será recordado por todos los que tuvieron el honor de presenciar sus embestidas. Tampoco a Sebastian Castella se le olvidarán los dos apéndices que finalmente le fueron concedidos tras la faena, que adquirirán más valor con el paso de los días.

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