Miraflores de la Sierra | Espadas y pitones en el punto de mira

Por Blázquez del Coso

Toros de Valdellán y Monte la Ermita en el primer desafío ganadero que protagoniza la primera entrega de la Copa Chenel. Sobre el papel, ingredientes acertados con Sergio Serrano, Gómez del Pilar y Tomas Ángulo en la localidad madrileña de Miraflores de la Sierra.

Sergio Serrano llega con buen aire a la copa, que mira que es feo denominar así a un ciclo de festejos más o menos continuados. Abre la plaza y el certamen con Navarro II N26. ¡Que buenos recuerdos trae ese nombre a todo aficionado de Madrid! Viene con ganas visibles y hacia la puerta de chiqueros se dirige para sacar del caluroso trance a los más despistados. El toro siente que la provocación no va con él y recorre las tablas que ha visto por su ojo derecho antes de atender al torero albaceteño. En el caballo no se emplea y el monopuyazo, que debiera añadirse con término en el DLE como ya hicieran con pegapases, marca el listón de la tarde en el caballo. El toro escarba y hace amagos de irse a tablas mientras Serrano torea al natural a pies juntos. Como dicen que hace falta tener pruebas, diremos que el toro es cornicorto; luego nos preocuparemos por los nombres de la Gervasia. Siguiendo con la faena, está templado con el toro, pero nada más. Se prepara para matar y el toro sigue a lo suyo: miradas a tablas y pasitos cortos talonando la distancia al matador. – ¡Aquí no te metas, torero! – Parece decir. Finaliza descabellando con un tiempo consumido tras dos avisos y una espada que por fortuna quedó agarrada. Con Estudioso N11 cambiamos al hierro de Monte la Ermita. Repite los inicios que hiciera con el primero en el primer tercio. El punto diferente llega en caballo, que es derribado cuando el picador piensa que la tarea está siendo sencilla con el toro dormido en el peto. Con un lance vistoso por gaoneras quita al cuarto de la tarde el torero titular, pero ¡Ay el pasito! Ese pasito atrás de la pierna de salida le delata, pese a pasarse al toro, también cornicorto, muy cerca. De rodillas espera la indecisión del toro en el centro del platillo y deja un cambiado por la espada cuando se decide a arrancar desde las rayas. Rápidamente recupera la vertical y ejecuta la mejor tanda de derechazos; que no se pierda el término. Por el izquierdo no lo tiene tan fácil, pero si algo ha demostrado Sergio Serrano es que deja ver ambos pitones. Al César lo que es del César. Coge la espada y la música sigue sonando por parte de una banda desconectada de la tarde. Con las manoletinas finales también se escuchan los pasodobles. Vuelve a escuchar un aviso y el silencio de la plaza. Como torero hoy ha estado bien; el matador no ha salido del hotel.

Gómez del Pilar acude también a la puerta del miedo salvando un traspiés en la cara de Hechicero N11, cornicorto también. En la brega de banderillas mide mucho y en la muleta sale suelto de cada pase. La reserva del toro también es visible y puede acusar el breve encuentro con el caballo. El primer toque de atención llega por el pitón derecho, que marca la diana en el pecho de Gómez del Pilar. El revolcón acaba llegando y la colaboración entre la banda de la taleguilla y el romo pitón salva un percance mayor al notable dolor en manos, vientre y cuello que infligen las pezuñas del desastado. No es tiempo de ponerse bonito y debería aflorar la lidia por abajo para doblegar los arreones intermitentes. Mata al segundo intento y se lamenta por ello. Como un dejavú de faenas anteriores, torea por verónicas a Calendario N26 después de recibirlo con una larga de rodillas. Pide el cambio al tiempo que tira la montera a los terrenos entre que hay entre el toro y él propio toreo, después de la primera zapopina y antes de la segunda. Con la pañosa estructura la faena en tres actos. En el primero de planteamiento toca estudiar al toro; labor ganada si la lidia de ejecutase de manera correcta para evitar las probatorias. El nudo de la historia se hace más breve que los otros dos actos, con una tanda ligada de profundidad sobre la mano derecha con arrucina incluida. El desenlace tiene un bis y tras los pases de uno en uno, llega el fracasado desafío con la espada. A todo esto, la música deja de sonar, esta vez antes del dar por concluido el trasteo. A la cabeza se me viene aquel concepto musical que Jose Luis Cantos me explicó en una entrevista: si te quedas sin partitura, la retomas desde cierto punto. Aún así, se agradece que se apague el estruendo en la plaza.

Grajero N10 completa el medio encierro de Valdellán y corresponde a Tomas Ángulo. No recuerdo haberle visto por las plazas y, de ser así, es mala señal no recordarlo. Dicen que es de Llerena y que tiene buenas maneras: la tarde dirá. El toro es bizco, con un pitón derecho cerrado y el izquierdo apuntando hacia arriba. Con el capote está indeciso Ángulo y, viendo el comportamiento de sus hermanos, aquí no se puede dudar. Máxime si los contratos son mínimos. El tercio lo cambia y de nuevo puede volverse el contra porque a un toro entero hay que poderlo y el carretón ya lo está de salida. La plaza es otra cosa. En banderillas aguanta mucho a los de los garapullos y se intuye lo peor para la muleta, que ejecuta por abajo de inicio. Se le ve preocupado por la colocación y sabe del público asistente, pues comienza sin retrasar la pierna de salida. Tampoco le falta el revolcón. Los terrenos para matar no los ve claros y aunque se perfila en los medios, acaba reculando hasta el cobijo de los anillos. Lo sigue intentando pero llega el segundo toque que anuncia que tiene dos minutos para acabar. No llega a sonar el toque que anuncia la devolución a la oscuridad de los corrales, pero poco falta en una mala labor a la que el acero de la puntilla también contribuyó. El sexto de la tarde, Saltarín N19, saltó al ruedo y el quiera aproximarse a lo que pasó, que vaya al teatro, que allí tampoco se muere de verdad.

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