Por Adrián Blázquez

No son pocas las veces que hemos oído aquello de que una retirada a tiempo siempre es una victoria. Y es que en el caso de los toreros, esta afirmación no podría estar más acertada.

“Que no se preocupe nadie, no vengo a quitar el sitio a ningún compañero. Torearé poco, lo que mi edad pueda permitirme. Vuelvo porque tengo todavía algo que decir y porque me voy a ganar la vida”. Estás fueron las palabras que pronunció el maestro Antoñete tras los primeros triunfos después de su reaparición. La comparación del momento actual con tiempos pasados siempre es inevitable. ¡Qué verdad tenían aquellas palabras!

Actualmente, el panorama taurino presenta un gran elenco de toreros cuyas longevas carreras se siguen prolongando. Con un escalafón de figuras en los que los veinte años de alternativa son una realidad, pensar en el tapón que tan dilatadas trayectorias están ocasionando en los jóvenes que empiezan en esto se hace inevitable. De los vetos ya hablaremos otro día. Las figuras en activo, con una vida acomodada y repleta de lujos, dejaron hace muchos años de generar aportaciones al mundo de la tauromaquia. Ya no tienen nada que decir. También han conseguido que aquellos que en sus inicios y durante sus años mas brillantes les aplaudieran, hoy empiecen a estar cansados de ver lo mismo que hace veinte años. Más vale una retirada torera por iniciativa propia que un destierro obligado por decisión ajena.

Estas carreras tan largas en lo más alto del escalafón tienen su origen en el toro al que se enfrentan. La docilidad y nobleza excesiva del toro que quieren las figuras ha hecho que estar delante de un animal de esta condición no suponga un gran esfuerzo. El desgaste que ocasiona el toro bravo, encastado y complicado que en épocas pasadas mataron los que ocupaban los primeros puestos del escalafón, hacían que el tiempo en activo no sobrepasara los siete u ocho años. La renovación cíclica de los toreros referentes era una realidad, pero hoy ya no quedan reminiscencias de aquella tendencia. La ilusión por los que están se ha reducido a mínimos jamas vistos. El tiempo de renovación es necesario y las figuras deben favorecerlo.

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