Navas del Rey | Provechoso y la casta de Baltasar Iban

Por Blázquez del Coso

La Copa Chenel, organizada por la Fundación Toro de Lidia y la Comunidad de Madrid llega a la localidad de Navas del Rey. La organización repite la sede que ya fijara en el Circuito de Novilladas picadas y que en primera instancia tuvo que suspenderse por una fuerte tormenta tras la muerte del primer novillo. ¡Que manera de llover! Finalmente llegó a celebrarse días mas tarde, pero pese a mantener las entradas del primer día, la coincidencia con una de las semifinales del Alfarero de Plata de Villaseca de la Sagra tomó el protagonismo. Este fin de semana ocurre algo parecido. La cita con el certamen de la Fundación llega un día antes del pistoletazo de salida del certamen de novilladas por excelencia y la organización de la Copa Chenel se ha mantenido al margen de todo lo que rodea a esta cita, pese a que su nombre ya salió a la palestra. Hoy se lidian toros con los hierros de Flor de Jara y Baltasar Ibán para Fernando Robleño, Adrián de Torres y Lama de Góngora. La llegada al tendido de la plaza hace recordar aquel rojo del que se impregnó la ropa en la ocasión pasada por el aguacero. Hoy el día es bien distinto y el sol es radiante, sin llegar a quemar en los primeros días de septiembre.

Escurridísimo de los cuartos traseros sale Precavido N8 de Flor de Jara para Fernando Robleño. Los pitones señalan ligeras escobillas que, sabiendo del alboroto que se montó en Miraflores de la Sierra, esperemos que no sea mas que consecuencia del manejo en los corrales y la desencajonada – acertada para atraer a más gente – que se ha realizado por la mañana. Por el pitón izquierdo mete bien la cara ante los capotes que le salen al paso y que han desaparecido temporalmente en el instante que los caballos salían al ruedo. Puerta abierta y un capote de última hora para evitar algo parecido a lo que sucedió en Brihuega. No pueden permitir los profesionales que tenga lugar un encierro por las calles, de eso ya se ha ocupado la Comunidad de Madrid. Pese a que Robleño indica al picador llegar hasta su posición, se queda a medio camino de esta y protagoniza un tercio sin pelea. Precavido está apoyado en el peto y pareciera que sin la sujeción del caballo caería hacia delante. El toro ese soso y ligeramente tardo en la muleta, pero Robleño consigue dejarle los vuelos en la cara para invitarle a envestir. Con este no necesita pelearse y la nobleza del astado deja ver el toreo mas pausado y artista de Robleño. Cuando el toro hace amagos de irse a tablas todavía le quedan un par de tandas ante de coger la espada. Oreja para abrir boca. El segundo de su lote es completamente diferente y Santanero N25 de Baltasar Ibán tiene peores intenciones. Se lo piensa parecido de forma parecida al primero, pero cuando arranca es un tren que hace pasar dificultades en banderillas. Embiste con la cara alta que acompaña de un ligero salto al final de los muletazos. Robleño traga y aguanta lo que tiene delante, incluyendo las dos o tres ocasiones en las que el toro se mete por dentro. El espacio se acorta y solo es cuestión de tiempo que acabe podido en las muñecas de Fernando Robleño. Dos orejas que hacen un total de tres.

Adrián de Torres viene de triunfar en Linares y de él se han hablado maravillas estos últimos días. Creo no haber visto aún una tarde suya en la plaza o por la televisión. Ya no aguanto las corridas por televisión y acudir a la cita es la única forma de prestar atención a lo que ocurre en el ruedo. La sensación a la salida de Jaquetón N58 es de toro pequeño, pero es que la envergadura del torero hace que todo a su lado parezca una miniatura. Jesús Manuel de Vicente consigue recetar el castigo con la vara en buen sitio, dosificando el castigo para una segunda entrada que no llega. ¡Monopuyazo por bandera! No se si será el caso, porque el toro anda justo, pero la sensación es que ante un certamen así, cualquier oportunidad que le des a los rivales en el ruedo puede jugar en tu contra y recetar una segunda dosis de castigo puede ser una invitación a que te pasen por encima en el quite. La faena en línea recta es pulcra para neófitos, pero le falta profundidad y poder. Solo cuando el toro se refugia en las tablas y de Torres recoge el desafío consigue añadir un punto mas a la faena. El uno y el otro se aguantan la mirada para dirigir las últimas embestidas que le quedan al toro. Le falta sin embargo dar el paso hacia delante. Las dos orejas llegan tras la eficacia de la espada y porque, de recibo es decirlo, la plaza con el palco a la cabeza es generosa. En el quinto de la tarde la lidia es horrorosa. Barberito N32 protagoniza una faena con mucho ruido. Ruido en los tendidos ante un matador que no descansa hasta meter al toro en el peto del caballo. Ruido de la caña del pitón contra la madera que monta la muleta; del acero de la espada contra el hueso inquebrantable y de la puntilla errando con un toro aburrido que decide echarse y levantarse tras el quinto fallo. No le gusta a José Antonio Prestel que le señalen los errores y en un fallo de bulto se encara con el respetable público para seguir sumando apoyos. La generosidad en los avisos hace que solo escuche los dos primero.

Después de su aventura mejicana tras tomar la alternativa, Lama de Góngora lleva sin vestirse de torero cerca de dos años y medio. Y no lo digo yo, que pese a haber realizado una entrevista para este portal con motivo de su aparición en un gran cortometraje, no le he seguido mucho la pista. De primeras se observa que el capote con el que recibe a Marisquerito N21 es enorme. El toro remata en las tablas y muestra las debilidades de una estructura que aguanta en el sitio a duras penas. La imagen del hombre a caballo cruzando por encima de las orejas de su cabalgadura nos devuelven a la realidad del tercio. Tarda en recuperar la figura quijotesca sobre el jaco y, a la media vuelta cuando todo indicaba al desastre, consigue meter la vara en el pozo de los deseos. Falta ese punto de corazón para ponerse y la banda tiene que esperar hasta el espejismo de una tanda sin enganchones para empezar a tocar. Aquí viene el apunte, que no es banda si no charanga, con esa versatilidad que tienen las agrupaciones de este tipo para llevar su registro desde la Amapola hasta las partituras mas rigurosas; aunque a uno de los trompetas le pongan en la diana cada vez que tiene que protagonizar un solo. Si el dicho se refiere al quinto, hoy el dueño de la tarde sale en sexto lugar. Lama de Góngora tiene a bien escuchar los deseos del tendido y la primera ovación con el último de la tarde se dirige al picador, que hace honor a su oficio y a las ordenes de su jefe de filas con dos puyazos que, si bien no llegan a caer en el mejor de los sitios, muestra las ganas de querer hacerlo bien. Provechoso N72 parece venirse a mas y la correcta práctica de la brega y los eficaces pares de banderillas allanan ese camino hacia el tercio final. Con el recorrido que lleva a sus espaldas, parece poco probable que consiga dominar el torrente de casta del animal. La sorpresa llega en las dos primeras tandas, donde la lucha se mantiene pese a las expectativas iniciales. Poco a poco se va difuminando esa sensación y el pensamiento inicial vuelve como una bofetada para los intereses del matador. La muleta en la mano izquierda le ha delatado y el toro se ha visto ganador; condición que mantiene hasta el final y con la que se gana una merecida vuelta al ruedo que deja en evidencia la generosidad del palco al conceder una oreja que debieron ser dos en las manos adecuadas.

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