Oreja para Castella en una anómala tarde de Roca Rey

Por Lucía Hernández | Fotografías Jon Ander Sanz

Sexta de feria, con cuatro toros de Jandilla y dos con el hierro de Vegahermosa (1º y 6º). Los diestros que dieron lidia y muerte a los astados fueron Diego Urdiales, Sebastián Castella y Roca Rey.

Como viene siendo habitual el diestro peruano Roca Rey llegó a la crítica hora e hizo que se demorase por momentos la salida al ruedo de los actuantes. Además vimos un paseíllo mal trenzado en el que Castella iba adelantado, Roca Rey retrasado y Urdiales en medio de ambos cumpliendo con ceremoniosidad el trance.

El abreplaza se lo pensó mucho antes de embestir en el tercio de capa. Se arrancó bien el astado en el primer encuentro con el varilarguero, aunque este no tuvo fortuna y erró en la colocación. Tras el primer puyazo, Urdiales se gustó por verónicas antes de cumplir con el segundo encuentro con el picador que fue un mero trámite. Inició la faena de forma muy torera por bajo hasta sacarse al animal más allá del tercio. Por el pitón derecho hiló varias tandas debido a la inercia del astado, destacando un par de derechazos con mucho temple y mano baja. Al natural el toro tenía menos recorrido, pero el riojano hizo poco por verle por ese pitón. Falló en primera instancia con el acero y tras ello de manera defectuosa enterró la espada, aunque necesitó de varios golpes de descabello para finalizar su labor ante los pitos que copaban los tendidos. Saludó una ovación desde el tercio tras dejar buenos detalles especialmente por el pitón derecho, ante un buen toro de Vegahermosa que tardó en descolgar, aunque no rompió la faena en ningún momento.

Sin fijeza alguna salió el que cerraba el turno de Diego Urdiales. Nada más salir al ruedo el caballo se encontró de frente con el toro y ahí se cumplimentó el primer puyazo. El que guardaba puerta fue el encargado de señalar el segundo puyazo. No se empleó en el caballo y el diestro riojano vio necesario dar un tercer puyazo con el mismo resultado. Costó fijar al cuarto en la muleta.

Sebastián Castella intentó estirarse a la verónica con el primero de su lote, pero este se venía por dentro y terminó sacándolo al centro del ruedo con habilidad. Ambos puyazos cayeron delanteros, muy breve castigo a un toro que tenía muy marcada la querencia. Apoyado en el olivo y con la ayuda de los capotes de sus banderilleros, consiguió sujetar al toro en los primeros compases de la faena. Lo intentó por ambos pitones el diestro galo, pero no llegó a someter al toro con su franela y solucionó la papeleta perdiendo pasos. Los continuos enganchones no ayudaron a mejorar su labor. Sin convicción realizó la suerte suprema y por ello falló, tras eso consiguió un pinchazo hondo, gracias al golpe de descabello cerró con desgana su primera actuación. Sería el quite por chicuelinas tras el paso por el caballo lo más destacado de una faena que se hizo larga y tuvo como resultado silencio para el matador.

Con el quinto de la tarde Castella le recetaría apenas un mero castigo en el tercio de varas. Ya en el tercio de banderillas destacaría la gran lidia realizada por José Chacón. Inició la faena de muleta el galo por cambiados por la espalda ante un toro con movilidad. Le daría series por ambos pitones, en las que vimos poco ajuste. Lo mató y se le pidieron las dos orejas, aunque la presidenta tuvo a bien concederle solo una.

El tercero de la tarde fue recibido con gran facilidad por Roca Rey. Verónicas a pies juntos y una media para saludar a su primer astado de la tarde. Tras dos brevísimos encuentros con el caballo, el toro quedó sin picar. Quitó el diestro tras el simulacro de tercio de varas y se vio que el público estaba con él. De rodillas comenzó la faena, en la que se veía que el toro tenía mucho recorrido. Ligó tandas por ambos pitones, pero faltó limpieza en los muletazos y rematar los pases atrás. La manoletinas terminaron de meter al público en la faena, labor que fue coreada por los tendidos de sol. Con evidentes gestos de malestar con su hombro derecho entró a matar, consiguiendo un pinchazo alto que no fue suficiente, y después erraría con el descabello de manera reiterada. “No tengo fuerza” era la frase que repetía el peruano mientras erraba con el descabello. Faltó a tres compromisos hasta llegar a su primera tarde en San Fermín, si no estaba al 100%, hubiera sido mejor dejar el hueco a otro compañero. Silencio para una labor que si no hubiera sido por el fallo en la suerte suprema, hubiera sido premiada con dos orejas debido a la espectacularidad de la faena con la que metió a los tendidos.

Con el cierraplaza Roca Rey firmaría un buen saludo capotero, demostrando su buen manejo con la capa. Dejaría que al astado se le midiera con un mero trámite en varas. Con la muleta inició faena por pases cambiados, aunque luego el toro se le paró y no pudo el peruano hacerse con las embestidas. Enganchones, pocos pases limpios y brevedad en la faena para finalizar con un sainete con la espada y el verduguillo.

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