Oreja para Ginés Marín tras el baile de corrales


Por Adrián Blázquez

Vigésima tercera de San Isidro para Sebastián Castella, Álvaro Lorenzo y Ginés Marín con toros de Garcigrande – Domingo Hernández y uno de Buenavista en primer lugar.

Salió el tercero de la tarde de nombre Poeta protestado de salida por los tendidos al ver su presentación, con el que Ginés Marín se abrió a la verónica sacando al toro a los medios y levantando los primeros olés de la tarde. Al relance y desde las tablas se arrancó el toro al caballo para emprender la huida al contacto con el peto. Nuevas verónicas con mucha cadencia al salir de la primera vara y palmas de tango al tiempo que inició su quite por gaoneras Sebastián Castella. Gran torería con un inicio de faena por ajo con dos buenos trincherazos y alternado por ambos pitones. Rugió Madrid desde los primeros compases de ka faena de muleta en las tandas con la mano muy baja sobre la derecha. De largo citó con la izquierda para recitar una buena tanda con mucho temple. Abriendo el compás volvió a la mano derecha para redondear una faena de altos vuelos. Tiró del astado en los últimos términos para arrancarle las pocas embestidas que le dieran un triunfo en Madrid. Se adornó por abajo, finalizando una faena de la misma forma a la que había empezado. Estocada arriba y oreja de peso para reafirmarse en Madrid.

Cerraba la tarde un toro que debió protestarse, pero la tarde ya había cogido cierto desinterés. Por el pitón izquierdo inició su faena de muleta, dándole distancia al toro en las dos primeras tandas a un toro con repetición. Despojándose de las zapatillas, se puso a torear con la mano derecha para meter al público en la faena. De nuevo buscó el lucimiento por el izquierdo en una faena que se iba apagando ante las embestidas defensivas del toro. Con bernadinas consiguió volver a meter al público en la faena que, tras pinchazo y estocada, pidó la oreja. Aguantó y acertó el presidente al no conceder la oreja que le hubiera abierto la Puerta Grande en una tarde donde el torero dejó buenas formas. Dio dos vueltas al ruedo.

Fue protestado de salida el primero de Álvaro Lorenzo, que dejó tres verónicas tras fijar al toro en el capote. Empujó con el pitón izquierdo al caballo haciendo sonar el estribo con la cara alta, realizando la segunda entrada de la misma forma. Hizo Ginés Marín su aparición en la tarde tratando de abrirse a la verónica en el turno de quites. Inició el de Toledo doblándose con el toro sobre la raya del tercio con la mano muy baja. Haciendo caso a las protestas del tendido, corrigió su colocación hasta quedarse en el sitio en las dos primeras tandas, en las que el toro sacudía la muleta a cada remate de pecho. Dos tandas con la izquierda en una faena que se desinflaba con la ausencia de limpieza en los muletazos. Mató a la segunda tras pinchar y escuchar un aviso.

Derribó el quinto de la tarde al caballo en la primera vara en una desastrosa lidia. Faena con muchos enganchones ante una embestida desordenada que el torero no supo encauzar para llegar a los tendidos. Pases y mas pases con un toro distraído por momentos. Dejó una estocada defectuosa al tercer intento con la que cerraba su actuación en San Isidro acordándose de aquel sexto de El Tajo y La Reina.

Salió en primer lugar un remiendo de Buenavista para el diestro Sebastián Castella al tiempo que se escuchaban los primeros Viva España por parte del público. Recibió por verónicas en las que el toro se le coló por el pitón derecho. Ya antes del primer encuentro con el caballo había perdido las manos el astado, embistiendo con la cara a media altura. Quitó Álvaro Lorenzo por chicuelinas, para no perder la costumbre a lo que se viene realizando durante toda la feria. Gran lidia de José Chacón y comienzo de una faena de muleta en la que el torero francés no sorprendió a nadie, con un toro muy parado que por tercera vez perdía las manos. Con la derecha y condicionado por el viento, manteó las defensivas embestidas del astado. No quiso irse de su primer toro sin probar suerte por el pitón izquierdo, con el mismo resultado. Manos flojas y rumbo a por la espada para abreviar con un toro sin posibilidades. Pinchazo hondo al tercer intento.

Con el segundo de su lote tampoco tuvo suerte. Entró al caballo una tercera vez al ser desmontado el picador en la segunda vara. Distraído llegó el toro a los primeros compases de la muleta donde Castella se dobló ante las protestas del toro. Sin posibilidad de lucimiento alguno, abrevió de nuevo dejando un bajonazo que finalizaba su tarde en Madrid.

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