Paco Ureña, el torero que nunca vendió sus percances

Por Noelia Crespo (@noeee_cp) | Fotografía por Susana Ortiz (@suortiz77)

Fue un 14 de septiembre en Albacete cuando el torero se convirtió en más héroe que ninguno. Ese día, en plena feria manchega, un torero murciano de Lorca sufrió y pagó la cara más dura de esta profesión. Hablamos sin duda y como todos bien saben de Paco Ureña.

Fue aquella tarde de septiembre el día de la gravísima cornada, pero como todas, el dolor perduraría seguramente en el tiempo, en silencio, con sus familiares más cercanos y de manera íntima. Meses después se conoció que perdía el globo ocular izquierdo, otro torero que perdía la visión, y es que apenas acababa de despedirse de los ruedos el pirata Juan José Padilla, y ahora era Ureña quien de nuevo sentía la dureza más inoportuna que puede alcanzar un torero.

Como si el tiempo no hubiera pasado, y como si en él no hubiera ocurrido nada, Paco reapareció en Valencia, en plenas Fallas, uno de los puertos más importantes de la temporada. Allí vestido del rosa y oro que tanto le ha caracterizado años atrás, reapareció entre rotundas y sentidas ovaciones. Un halo de emoción inundó el coso de la calle Xátiva al pisar el albero valenciano, el vello de todos los allí presentes se erizó nada más coger el capote el lorquino, y es que, aunque nos parezca sorprendente, Paco nunca había dejado de pensar en volver a torear, siempre con el toro en la mente.

Siguiendo su camino, en plena constancia y en continua superación, ha llegado a pisar este año las grandes plazas que toda figura debe pisar, siendo Madrid y Bilbao sin duda sus triunfos más rotundos y emocionantes. Al fin en su Madrid, ese que tanto cariño le ha mostrado siempre, y en su tercera tarde, consiguió lo que todo torero sueña, abrir el umbral que encumbra a todo torero hacia la calle Alcalá. Tarde en la que aunque el público estaba rendido ante su toreo, volvió a demostrar su casta torera saliendo a matar su segundo toro en sexto lugar tras haberse fracturado una costilla. Mereció la pena salir, mereció la pena el esfuerzo ya que nadie mejor que él sabe lo que le ha costado llegar hasta ahí, hasta Madrid, y es que tras tanto tiempo, su sueño y el de muchos se hizo realidad. La verdad de Paco salió a hombros de Las Ventas tras fundirse en plena sintonía con uno de Victoriano del Río, y Madrid al fin, pudo sacar a uno de sus toreros en volandas. No sería su tarde más perfecta en técnica, pero sí en sentimiento y emoción, la cual invadió los tendidos venteños, con 24000 personas rendidas ante el héroe murciano.

Tras grandes faenas y triunfos veraniegos en otras plazas de importancia, fue llegar a Bilbao y romper los esquemas de todos los allí presentes. Nueva obra maestra llena de perfección artística, belleza plasmada en leves y sutiles movimientos de muñecas tanto con el capote como con la muleta, acompañadas de tremendos espadazos sin huir los pitones del toro. Una tarde para la posteridad, para el recuerdo del propio Paco y del aficionado, y es que si alguien no se emocionó viendo torear a este torero, es de un hecho insólito e inusual, tanto como lo conseguido aquella tarde por el murciano, y es que hacía más de 50 años que un torero no cortaba cuatro apéndices en el coso de Vistalegre.

Hoy en Palencia, Paco volvió a sufrir la cara amarga de esta profesión. En el inicio de la Feria de San Antolín un toro le empitonó por el muslo, provocándole una fuerte cornada de desgarre muscular. Y es que, este es el precio que pagan los toreros como él, toreros que torean con la verdad por delante, con pureza, cargando la suerte, enroscándose las embestidas de los astados en las caderas, en definitiva, los que no engañan al aficionado y son capaces de pisar los terrenos en los que a muchos les queman las zapatillas, pero es ahí cuando surgen los momentos de mayor belleza artística. Se recuperará y volverá a exponer como pocos, continuará la temporada y todavía son bastantes las fechas que le esperan al lorquino, entre ellas y en especial, el regreso a Madrid en Otoño. Le quedan citas por delante, pero Ureña es un torero que debería estar en todas las ferias habidas y por haber, no se pueden entender los seriales en los que no se encuentra acartelado este torero.

Nunca vendió su percance, toda la temporada ha sabido llevarlo con la máxima discreción, llegando al extremo de que a muchos nos haga por momentos en la plaza olvidar por lo que ha pasado este diestro. No lo vendió, y gracias a sus formas, su manera de entender la vida y el toreo ha conseguido conquistar todas las plazas que pisa y encandilar a los aficionados aún más si cabe. Todo lo que le ocurrió a muchos les hubiera hecho replantearse su futuro, pero no a Ureña, quien vive por y para el toro, soñando siempre a naturales y a diestras, por verónicas y gaoneras, en la búsqueda de la eterna pureza y verdad, de no dejarse nada cada tarde, exprimirse al máximo y demostrar que gracias al toro, hoy es quién es. Se trata sin duda de uno de los máximos triunfadores de la temporada, y es por ello, que yo hoy, desde mi persona y en estas líneas, quiero rendirme ante el torero, pero sobre todo, ante la persona.

¡Gracias, enhorabuena y fuerza Paco!

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