Plasencia | «Un torero: Emilio de Justo»

Por Víctor Peinado

Sólo pudimos ver un torero en este mano a mano. Emilio de Justo eclipsó con su toreo la actuación sobreactuada, vulgar y bochornosa de Enrique Ponce. Y fue sencillamente satisfactorio ver un torero capaz, queriendo torear, poniendo todo lo que de su parte estaba frente a otro preocupado de gesticular, llamar la atención con efusivos signos de enfado, que no son más que cortinas de humo y justificaciones injustificables. Porque si sus tres toros no sirvieron, no duraron y eran auténticos inválidos, no pillaba de sorpresa al diestro valenciano. Es más, contaría con ello seguramente. Parafernalias injustificables al ver que hoy no era el día de la fiesta de Ponce; y ojo, que hubo momentos de amago de auténtico entusiasmo en el amable y poco entendido público.

Se lidiaban astados de El Torero anovillados, de paupérrima presencia por delante. Destacaron cuarto y sexto por su mayor movilidad y duración. El resto nobles y descastados pero que dejaron estar.

Las labores de Ponce, pueden imaginarlas. La primera, inédito ante un inválido (lamentación, frustración); la segunda, mareando a un pobre animalito que se echó por aburrimiento a mitad de faena y creyó que, ante la vergonzosa estocada que le había propinado Ponce – media perpendicular en el número -, lo mejor era volver a echarse. Incredulidad por ese funesto destino. En su tercero, cuando el propio Ponce olía el fracaso, cuando ni los palmeros palmeaban sus obras impalmeables, surgió una voz del tendido, un loco en estos tiempos poncianos, poco menos que un hereje de la tauromaquia, recriminando al matador su periférico toreo. No lo dudó Ponce, era el momento, su única salida. Sus incondicionales sólo despertarían para defenderle de un enfrentamiento con un aficionado. Dicho y hecho. Pasito atrás y gesto altivo en busca de esa voz discordante. Yo no lo he invitado a mi fiesta, parecía recriminarle. El ejercito de seguidores empezó a corear y palmear aquella labor que muchos temimos que acabara en indulto del inválido toro. Pinchazo tras pinchazo terminó Ponce con una tarde-noche bochornosa.

Menos mal que Emilio de Justo estaba ahí. Solidez torera en todos los tercios. En su primero, un toro que no duró mucho, no terminó de acoplarse por ningún pitón. Antes de la colosal estocada, logró la serie más lograda, provocando al toro sin dejarle parar. Cortó la primera oreja. Poco a poco fue asentándose. Y en su segundo, el toro con más transmisión y viveza, cuajó series de mérito con la mano derecha. Por el pitón izquierdo, el toro presentó más complicaciones y no se llegó al nivel alcanzado por el pitón derecho. Cortó la segunda oreja. Para finalizar la corrida, cuajó al más enclasado y noble de la tarde. Tandas muy ligadas y más ajustadas que en sus anteriores faenas. La pena fue que al entrar a matar el toro perdió una mano, quedando baja la estocada. Cortó las dos orejas cerrando así un regreso más que ilusionante para los que gustan del toreo auténtico.

FICHA DEL FESTEJO

Seis toros de El Torero nobles y manejables, pero flojos y sin duración. Destacó cuarto y sexto.

  • Enrique Ponce: silencio, silencio y saludos
  • Emilio de Justo: oreja, oreja y dos orejas

Se guardó un minuto de silencio al romper el paseíllo por la muerte de la madre de Miguel Ángel Sánchez, sobresaliente del festejo. Destacaron José Chacón en la lidia del segundo y sus compañeros Ángel Gómez y Pérez Valcarce con las banderillas, también en el segundo de la tarde.

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