Procesiones de temporada en la plaza de Madrid

Captura

Por Adrián Blázquez

No es poco el tiempo que llevaba sobrevolando en mi cabeza la idea de escribir sobre la actual situación de la plaza de Madrid. Esta vez, no seré yo quien juzgue lo que ha ocurrido en el ruedo durante este ciclo de novilladas que abren la temporada. Hoy quiero hablar sobre la situación que experimentan, de unos años a esta parte, los tendidos, gradas y andanadas de la primera plaza de toros del mundo.

Bien es cierto que los tendidos de Madrid son un claro reflejo de la sociedad actual y durante este arranque de temporada han pasado por ellos gente de muy diversa procedencia; desde los ya habituales turistas asiáticos, hasta las inusuales gentes de Oriente Medio, pasando por los visitantes del otro lado del Atlántico. Propios y extraños han han podido disfrutar de lo que supone el arte de la tauromaquia y de la riqueza cultural que genera para España.

Desconocedores en la mayoría de los casos del proceso de la lidia debido a su primera toma de contacto, también lo son, por supuesto, de las mínimas normas que hay que seguir como espectador del festejo. Desde la llegada de la nueva empresa de Madrid, los aficionados mas asiduos hemos visto como la organización ha sido incapaz de hacer cumplir los mínimos que se exigen.

Las procesiones que se dan en los tendidos, con espectadores abandonando u ocupando las localidades durante el transcurso de la lidia o incluso el continuo trasiego por parte de los vendedores, más propios de un estadio americano, se hace inaguantable. Los empleados en el control de puerta, ajenos a lo que sucede en sus dependencias, han decidido abandonar sus funciones de manera descarada.

Durante la novillada de ayer, el desorden que se dio en mi tendido fue abrumador y sobrepasó de manera descarada los límites que uno está dispuesto a aguantar. Uno de los controladores, aficionado a la fiesta imagino, decidió que la mejor forma de abordar su trabajo sería ocupando una localidad para disfrutar del festejo acompañado de unos amigos improvisados. Con un segundo empleado, más de lo mismo. En esta ocasión, su preocupación por lo que ocurría en las redes sociales era lo primero, escudriñando su teléfono móvil con detalle sentado en otra de las localidades del tendido. Con todo esto, la procesión seguía sucediéndose. Los encargados de impedirlo, por supuesto no lo hicieron. En vano fue mi intento de llamarles la atención, pues permanecieron inmóviles, casi con jactancia al creerse intocables.

Claro está que mucha gente no conoce las formas que hay que guardar durante la lidia, más para eso hay gente encargada de recordarlo. La permisividad a la que se ha llegado en Madrid está rozando ya los límites aguantables por una afición que está cansada de ver cómo tarde tras tarde una legión circula por delante de sus narices. Urge regular esta situación y  por supuesto, denunciar a todo aquel que elude las labores de su puesto de trabajo.

Sígueme en Twitter @BlazquezAG

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Notice: ob_end_flush(): failed to send buffer of zlib output compression (0) in /home/altoroes/public_html/wp-includes/functions.php on line 4344