Que la verdad no te estropee una buena historia

Por Blázquez del Coso

Resulta difícil recordar cuando dejamos de recorrer cada una de las casillas del tablero del calendario, cuando un caprichoso cubilete made in China sin esterilizar nos privó del turno de lanzamiento en la partida de nuestras vidas. Finales del diecinueve; primeros del veinte. Difícil, ¿eh? Hablar «del año pasado» es caer inmediatamente en la rectificación, estrujando las zonas blandas de la cabeza para buscar la maldita ubicación correcta del acontecimiento que tratamos de revivir. Y es que solo una vida llena de momentos es capaz de fraccionar esa línea temporal que nos ubica en el momento actual.

Uno de esos momentos pre-todo fue el Carnaval del Toro, al que se llega cada año tras la primera vez. Si ya se anticipó a la apertura del paréntesis, hoy lo hace al cierre de este con el anuncio que previsiblemente aprueba su celebración. Los días están llenos de efemérides y, sin siquiera echar un vistazo rápido, uno ya sabe que hoy habría cumplido años Dios sabe quien o se celebrarán tantos años del invento que ha salvado a la humanidad; como todos los días.

Sin embargo, yo quiero recordar donde me encontraba hace dos años exactamente. Por el archivo que guardo de la jornada puedo decir que era un día lluvioso, lo que no supuso impedimento alguno para acudir al primer tentadero del Bolsín Taurino Mirobrigense. Vacas de la ganadería de El Tajo y la Reina para quince aspirantes que buscaban un sitio en las fases sucesivas. La Venta del Batán, que ya llevaba unos meses de actividad con tentaderos públicos cada semana, como marco incomparable. Aquel día solo se veían paraguas en el tendido, pero la inercia que habíamos cogido en los meses atrás impedía perder una jornada. Tampoco sabíamos lo que iba a durar ese tira y afloja que entre los responsables de aquello se traían. No pasó de febrero del veinte, claro.

Hoy tenemos la sensación de que aquello de lo que se cumplen dos años queda muy lejos, tanto como cinco años para algunos. Como difícil es casar las fechas en este anómalo periodo, mejor será borrarlo. De justicia será borrar las actuaciones de Victor Barroso y Joan Marín, que protagonizaron un duelo en novillero ante la impasividad del resto de aspirantes a torerito; el arrojo de Carla Martínez Otero, que mas de un día se fue con las ceras gastadas a casa de tanto pintar la cara de sus compañeros. También hubo recortadores y, por cierto, hasta llegó a plantearse la celebración de espectáculos cómicos y encierros en las instalaciones de la Venta del Batán. Por allí no ha vuelto nadie hasta ahora, dos años después y con nuevos inquilinos.

Escúchese dos, donde diga cinco.