Rabioso, Chirón y la raza de Sergio Serrano

Por Jacobo Hernández – Mora

Después del verano y tras varios festejos a los que no pude asistir, vuelvo a mi abono para presenciar la recta final de la temporada. La cita torista de los Desafíos ganaderos en septiembre y la Feria de Otoño en octubre son los dos últimos bloques para cerrar el año.

Tras mucho tiempo sin celebrarse una corrida concurso, se programó una el domingo 15.  Las ganaderías elegidas para tal ocasión y por riguroso orden de antigüedad, fueron las siguientes: La Quinta (encaste Santa Coloma-Buendía, antigüedad 18/04/1881), Baltasar Ibán (Contreras, 15/08/1957), Marqués de Albaserrada (Pedrajas, 01/05/1963), Murteira Grave (Parladé, 21/06/1964), Pedraza de Yeltes (Aldeanueva, 30/04/2010), Valdellán (Santa Coloma- Graciliano Pérez Tabernero, 11/06/2019) que fue devuelto por inválido y un sobrero de Rehuelga (Santa Coloma-Buendía 20/05/2007). Destacaron el primero por casta, el segundo por bravo y el sobrero por clase. Hicieron el paseíllo Fernando Robleño (tabaco y oro), Rubén Pinar (celeste y oro) y Javier Cortés (grana y oro).

Después de una semana lluviosa en la que la idea de suspensión barruntaba en la mente de los aficionados, llegó el domingo y gracias al buen hacer de los responsables del ruedo sumando la tregua que dio el cielo, no se canceló la corrida.

Abrió plaza un maestro curtido en estas lides como es Fernando Robleño. Se enfrentó en primer lugar a un toro de La Quinta que tenía casi seis años, gran presencia y mucho trapío. Con el capote iba largo el toro en su recorrido permitiendo al madrileño lucirse en unas verónicas. En el caballo el toro empujó con alegría en tres encuentros. Noble y pronto en la faena de muleta no permitía series largas, al tercer o cuarto pase protestaba en las telas de Fernando. Por el pitón izquierdo humillaba y reponía con ahínco para acometer de nuevo la franela. Era exigente y su matador aguantó el tirón. La faena se alargó y ya con la espada en la mano, se vio una imagen nada habitual: ver al matador entrando a matar rodeado de su cuadrilla, como en las antiguas litografías de La Lidia. Se atragantó con el acero hasta que se escuchó el tercer aviso. Ovación al toro .

El segundo toro de la tarde, pertenecía al hierro madrileño de Baltasar Ibán, ganadería situada entre El Valle de Los Caídos y El Escorial. Serio y con mucha cara pero sin remate en los cuartos traseros. Peleón en el caballo al que Pinar llegó a colocar cuatro veces. Comenzó Rubén con un poderoso inicio por bajo. Más adentrada la labor con la muleta el toro se dejó torear por el lado derecho pero la bravura de Rabioso no termina de ser aprovechada por el de Albacete. Silencio al matador.

Javier Cortés cayó herido en su primero y el festejo quedó entre en mano a mano. Una cornada en el pómulo derecho que se teme que afecte a la visión del ojo. Pechó el de Getafe con un bronco y descompuesto toro que fue muy mal picado. El tercio de banderillas fue un caos y cuando en la primera tanda de muleta más firmeza y seriedad demostraba Javier, el toro pegó un derrote en el rostro del torero. Robleño se hizo cargo de semejante marrajo.

En cuarto lugar se corrió un gazapón toro salmantino. Alto y hondo de hechuras. También fue muy mal picado. Fue un toro pegajoso con el que Pinar no terminó de confiarse. Lo despachó sin pena ni gloria.

Tras muchos años sin lidiar en Madrid, volvía a Las Ventas una ganadería portuguesa que en los 80 y 90 tuvo años de esplendor en la Villa y Corte: Murteira Grave. Alto y muy armado, era más serio que un Policía Nacional en noche de redada. Un pavo, como se dice en el argot. Lo mejor de la lidia de este toro fue la gran pelea que hizo en el jaco y un soberbio par de Jesús Romero. En la muleta de Robleño el toro se apagó y silenciada fue la labor del matador.

Cerró la tarde un suave y noblón toro de Rehuelga que hizo de sobrero. De nuevo el picador recibió una sonora bronca tras ver como se partía la vara, insistía en picar con los restos astillados. De sanción. El público pidió una última entrada al caballo que no fue atendida. El matador ordenó el cambio de tercio con las consiguientes protestas del respetable. Insustancial faena del manchego que sin ajuste meció las enclasadas embestidas de este toro. Un animal para hacer mucho más de lo que este torero hizo. Habitual en las corridas duras, no estuvo Rubén a la altura de las circunstancias.

Este domingo 22 se cerró el ciclo ganadero en Madrid con un desafío entre Saltillo (1º, 3º y 5º) y Arauz de Robles (2º, 4º y 6º). El cartel estaba compuesto por Sánchez Vara (blanco y oro), Javier Castaño (azul y oro) y Sergio Serrano (vainilla y oro). Tarde fresca en la que la brisa molestó a los toreros. Ocho mil espectadores pasaron taquilla.

Sin duda el gran protagonista de este desafío fue Sergio Serrano y recordando lo que dijo en una ocasión Chapu Apaolaza, hay toreros que están en la cara oculta de la luna. Si a principios de temporada escribí sobre las huelgas de hambre y las distintas reivindicaciones que hacen aquellos diestros faltos de festejos con el fin de poder ponerse el chispeante y demostrar lo que llevan dentro, este es otro matador que en el silencio del campo y alejado de las plazas, entrena con tesón y dureza para poder cumplir en las pocas oportunidades que tiene. Este albaceteño lleva vagando por el Mar de la tranquilidad demasiado tiempo ya que tras una década de alternativa apenas ha tenido contratos. Una brillante actuación en su tierra natal hace un año ante los míticos toros de Miura le dio una bocanada de oxígeno para volver a estar en la mente de muchos aficionados. Toreó en este ruedo el año pasado y regresó de nuevo esta temporada para torear en la Villa y Corte y demostrar que puede y debe hacerse un hueco en las ferias. Su primer toro fue un diablo que en los primeros capotazos avisó que por el lado izquierdo tenía más peligro que un político haciendo promesas en campaña electoral. Caco Ramos, uno de sus banderilleros durante los primeros tercios se dispuso a bregarlo con el capote y no sé si por amor o propio o exceso de confianza se puso por ese pitón para dar el lance y Palmito que así se llamaba el toro le asestó un navajazo de 20 centímetros. En la faena de muleta no iba a dejar al manchego ponerse bonito y Sergio se batió en duelo con esta alimaña en una faena épica. De no haber fallado con el acero, habría cortado una oreja. La vuelta al ruedo fue clamorosa. Un trasteo que será recordado mucho tiempo. En ambos toros se fue a la puerta de toriles a recibirles de rodillas y en el sexto se mantuvo firme ante un toro complicado. Palmas de despedida. 

Sánchez Vara mostró una vez más su faceta lidiadora y que no tiene problemas en lucir los toros. Con la capa estuvo digno y permitió el lucimiento de su lote en los tercios de varas. Los pone de largo para dar espectáculo. Y en el segundo tercio suele ser él mismo quien se encarga de llevarlo a cabo en vez de su cuadrilla. Banderillear es algo que hace con eficacia e intenta brillar en las diferentes suertes atendiendo al comportamiento del animal. Pechó en primer lugar ante un Saltillo de gran clase al que sacó una aseada tanda de naturales y en el cuarto se las vio con Chirón, un toro ovacionado en el arrastre que en el caballo de Adrián Navarrete empujó con alegría y dio emoción en la muleta. Iba largo y metía la testuz. Pudo con esas embestidas pero no estuvo acertado con la Tizona. Seria actuación del madrileño. El salmantino Castaño pasó por los Madriles sin pena ni gloria.

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