Recordando a Esplá

Por Jacobo Hernández – Mora

Si hace unos días recordé el pasaje en el que Morante de la Puebla firmó con el capote un capítulo de oro en la historia de Las Ventas durante el ciclo isidril de 2009, esa misma feria dejó para el recuerdo otro día memorable. Los protagonistas fueron un toro de Victoriano del Río y un torero con mayúsculas: Luis Francisco Esplá.

Un año antes toreó la corrida de Samuel Flores y no hubo nada que resaltar. Tras esa corrida se barruntaba la posibilidad de que dicha tarde fuese la última de Luis Francisco en la monumental venteña. La gente no lo aceptaba, no podía ser que un torero de la talla de Esplá se marchase a la francesa sin despedirse de una plaza que le había visto salir a hombros hasta cuatro veces por su puerta grande. Y la empresa cerró en el adiós de su última tarde capitalina, un cartel que lo completaron Morante y Sebastián Castella. En unas declaraciones a la prensa dijo el genial torero alicantino: «No quiero a un Madrid blandito. Si estoy mal, que me den cera bendita».

Los primeros toros fueron sucediéndose sin que nada grande ocurriera. Hasta que salió el cuarto, de nombre Beato. Un torazo de 620 kg, colorado chorreado. Un toro con buen corral y buena plaza. Durante los primeros tercios salía suelto y Esplá que vestido de grana y oro, se adornó en banderillas con su repertorio habitual. Torero ágil y poderoso y que dominaba todas las suertes, está considerado uno de los grandes banderilleros.

El viento molestó toda la tarde. Tras coger muleta y espada, se dirigió al centro de la arena para brindar ese último toro a la afición madrileña. Inició con unos muletazos por alto apoyado en la barrera y a medida que iba toreando con la mano derecha, la faena iba ganando en profundidad. Beato iba pronto y noble a la muleta de Luis Francisco. Con la mano izquierda cuajó una gran serie de naturales. La faena fue breve e intensa. Y siempre abundó la torería y la solera del diestro levantino. Cortó las dos orejas tras matar recibiendo y Beato por su parte fue premiado con la vuelta al ruedo.

La puerta grande fue sencillamente apoteósica. Inolvidable. Toreros y aficionados de siempre bajaron a la arena para acompañarle hasta la calle Alcalá en su quinta y última salida a hombros.

A sus 52 años y tras 89 paseíllos en Madrid, Esplá dijo adiós a esa afición que tanto le había dado. Aún quedaban algunos festejos más. Lidió con lo más duro del campo bravo y dictó cátedra en faenas memorables. En la memoria quedan aquella tarde de junio de 1982, la faena al bravo Poleo de Celestino Cuadri en la Isidrada del 96, el trasteo a Portillo de Victorino en Otoño de 1999… Su conocimiento de las suertes y los terrenos acompañado de unas formas añejas, siempre luciendo vestidos muy cargados en oro y esa imagen sin desmonterarse durante de la faena de muleta, hacían de Luis Francisco un torero único.

Hombre culto con un extensísimo vocabulario. Escucharle en las entrevistas después de cada toro o en conferencias es un lujo. Torero de Madrid.

Hasta siempre, Maestro.

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