Roca Rey. Crónica de una faena de dos orejas

Por Adrián Blázquez

Volvía Andrés Roca Rey a Sevilla tras su actuación en el pasado Domingo de Resurrección donde no dejó indiferente a nadie. División de opiniones en su primera comparecencia donde gran parte de la afición le recriminó las excesivas cercanías en detrimento del toreo puro. No haría mella en el joven torero peruano, sabedor de que hoy viernes tendría otra oportunidad para demostrar por qué quiere mandar en esto.

Lleno de no hay billetes para una tarde que no parecía levantar el vuelo con un encierro para olvidar de Nuñez del Cuvillo. Tuvimos que esperar hasta el sexto y último de la tarde para ver una faena de gran dimensión del torero peruano.

Salía Encendido para cerrar la tarde y con ello la actuación de Roca Rey. Recibo capotero en el que consiguió engancharlo en los vuelos pero sin lucimiento posible antes de que salieran los del castoreño. Tercio de varas en el que, una vez mas y como nos tiene acostumbrados el torero peruano, pasó saludando al caballo. De nuevo consideró el torero que la entrada adquirida en taquilla solo te da derecho a ver dos tercios de la lidia; cosa que no importó a la afición sevillana, quien aplaudió al picador por señalar los puyazos. Ya se vieron las intenciones de Andrés en un variado quite que comenzó por gaoneras, pasando por una caleserina y remantando con la revolera.

Cogió Andrés Roca Rey la franela para ir con decisión al toro. De manera visceral y poderosa, comenzó la faena de muleta con una tanda de derechazos ligados girando sobre si mismo con las rodillas en el albero sevillano. Ya sobre los talones, siguió basando su faena en la mano derecha para dar paso a los primeros acordes de la banda de música. Nueva tanda con la diestra rematada con un pase de pecho con vistas al infinito. Llegaba el turno de cambiar la muleta a la mano izquierda, con una primera tanda donde consiguió levantar al respetable de sus asientos. Explotando al máximo ese pitón izquierdo del toro, continuó toreando hasta que llegara, en la ultima tanda antes de ir a por la espada, una serie de toreo en redondo con la mano derecha donde Roca Rey pareció girar eternamente sobre un eje imaginario al compás de la acometida de un toro que solo veía muleta. Sabedor de la emoción en los tendidos, culminó su faena con una estocada hasta las cintas que hizo rodar al toro y alborotar a la multitud.

Dos orejas concedería el presidente sin ceder a la abrumadora petición de rabo. Acierto presidencial y populismo barato el de una afición sevillana que hoy si, ha quedado prendada del toreo de Roca Rey. 

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