Roca Rey, épico y sobrehumano

Por Noelia Crespo

Poco quedaba del impoluto azul pavo y oro con el que pisó la arena de Vista Alegre Roca Rey a las seis en punto de la tarde. Los tres cuartos de entrada en los tendidos era una de las mejores noticias en una feria de tan pobre asistencia, lo cual vuelve a reafirmar el tirón taquillero del llamado a ser la máxima figura de los próximos tiempos. Expectantes e impacientes por verlo, comenzó de manera vibrante con el tercero por estatuarios presagiando así una tarde de emociones fuertes. ¡Vaya que sí lo fue! En el epílogo de su trasteo por manoletinas, quiso pasárselo por la espalda en un hueco casi inexistente siendo zarandeado de pitón a pitón de manera violenta por el de “El Palomar”. Una fuerte paliza que no le impidió arrancarle un orejón de mucho peso.

La ovación atronadora contrastaba con la apariencia ostensiblemente mermada del peruano tras salir de la enfermería. Entre la expectación y gritos de “Roca, Roca” salió por su propio pie el peruano nuevamente al ruedo bilbaíno tras la muerte del quinto. Una larga espera llena de incertidumbre que se tornó en apenas unos segundos en toda una plaza rendida al admirado diestro de Lima. Y es que, la tarde que firmó ayer Roca Rey, será de las que se recuerden durante mucho tiempo por la épica y emoción vivida en la Aste Nagusia 2022. Apostó sin miramientos de rodillas en los mismísimos medios con un valor incalculable y unos dolores más que aparentes. Lo desarmó y se obró un nuevo milagro gracias al capote de Algaba, quien apareció el en momento preciso para quitar el toro que iba directo a su matador. A pesar de todo, y otro susto durante la faena, ayer Andrés tenía claro que su tarde era de “puerta grande o enfermería”. Sin duda, consiguió emocionar al tendido en un trasteo por ambos pitones lleno de firmeza y el corazón en un puño. Enterró el acero y asomaron los dos pañuelos del tirón. Bilbao a sus pies junto con la admiración y respeto de todo el toreo.

El Juli, ante el torbellino que acababa de pasar por Vista Alegre, sacó su mando, técnica y poder a relucir para hilvanar una faena al cuarto de importancia en medio del aguacero. Consiguió que la faena y el toro fueran creciendo completando una obra que de no haber errado con los aceros le habría otorgado un más que merecido trofeo. Una vez más, y ya es habitual, la espada y su horrenda forma de ejecutar la suerte suprema le pasaron factura. Con el primero tuvo escasas opciones. A Manzanares, tristemente, ni está ni se le espera. Le tocó un lote de puerta grande más que potable de Victoriano del Río que no supo aprovechar ni mostrar al aficionado. Una corrida que, por cierto, de juego tuvo sus complicaciones, pero resultó con opciones e interesante, aunque de presentación dejó bastante que desear con pitones algo sospechosos.