San Sebastián de los Reyes le abre la puerta grande a Diego García

Por Adrián Blázquez

San Sebastián de los Reyes (Madrid), 28 de agosto. Novillos de la ganadería Torrealba para los novilleros Antonio Grande, Fernando Plaza y Diego García.

Salió el primer novillo de la tarde, cerrado de pitones, al que Antonio Grande salió a recoger en los medios de la plaza. Distraído en el recibo con el capote, recibió una vara arriba algo trasera y embistió con la cara en el estribo. Derribó al picador cuando corrigió y metió la cara abajo. Ya cambiado el tercio, no cosiguio fijarlo el salmatino en su propio quite y realizó otra entrada donde se quedó dormido en el peto. Entre las rayas del tercio empezó con la franela por bajo, sin haber corregido la fijeza del astado. Buscando siempre las tablas, poco ayudó el novillo en una faena que nunca cogió vuelo. Estocada contraria tras dos pinchazos.

Mejor suerte con el capote tuvo en el segundo de su lote, donde dejó un repertorio variado de suertes. De rodillas inició con mucha torería, hilvanando buenos muletazos con la derecha al compás de los acordes de la banda de música. Tras dos ajustadas tandas con la izquierda, dio al novillo el respiro que necesitaba para afrontar el último tramo de la faena y evitar que se parara. Quiso acabar como empezó, de rodillas y por alto. Cortó una oreja tras una estocada defectuosa. Recibió palmas en el arrastre el cuarto de la tarde.

Con buen gusto recibió Fernando Plaza al segundo novillo de la tarde, de misma estampa que su hermano que saliera en primer lugar. Caída y a media altura recibió la vara reglamentaria. Diego Garcia no tuvo a bien medirse a su rival y fue el mismo Plaza quien quitó en su turno. Saludó ovación Aguilar tras parear. Con ayudados por alto empezó a hilar su faena, rematando por bajo la primera tanda. Muy claro lo vio el novillero, pues desde los primeros compases toreó al natural. Con la derecha, toreó con mucha cadencia en redondo a un novillo que solo veía las telas, destacando un cambio de mano muy ceñido. Mató con una estocada delantera al tercer intento tras aviso que enfrió la faena y le negó los máximos trofeos. Salió a recoger una calusora ovación.

A la verónica y rematando con una larga recibió al novillo que cerraría su tarde. Por los dos pitones le probó en los inicios, volviendo a coger la izquierda como recurso para las primeras tandas. De menos a mucho menos fue el novillo de más peso del festejo, que no transmitió nada a los tendidos. Firmeza y compromiso fue lo que dejó el torero, contagiado por momentos de la pasividad del animal. Dejó una estocada que hizo guardia y se atragantó con la cruceta al tiempo que iban sucediéndose los avisos. Dobló el novillo antes de que llegara el inminente tercer aviso, agradeciendo la certeza del puntillero.

Embistió en el capote el primero del lote de Diego García antes de empujar en un tercio de varas donde el torero quiso lucirse poniendo en suerte al animal. Recibió una segunda vara y nuevamente se hizo patente la nula competencia en quites ante oponente con movilidad. De rogar se hizo el brindis en los medios ante su gente, para dar inicio a una faena donde se gustó en los primeros compases y levantó los olés en los tendidos. Fue por el pitón derecho donde mejor se acoplaron los dos, sacando tandas de calidad. Sin embargo, no dudaría demasiado el idilio entre torero y novillo, que mostró su peor embestida por el pitón izquierdo y protestas con huida hacia las tablas. Por toda la plaza quiso el torero sacarle muletazos, acordándose quizás de la cantidad de capotazos que había recibido en los primeros tercios. Delantera y baja se fue la estocada tras pinchar en tres ocasiones. Salió a recoger la ovación y sorprendió a su cuadrilla cuando emprendió una vuelta al ruedo de la que tardó en desistir.

Hasta en tres ocasiones acudió el novillo cierraplaza al encuentro con el picador, desmontando al varilarguero de su cabalgadura en el primero de ellos. Genuflexo comenzó la faena con la pañosa ante un novillo con notable condición de manso. Hacia donde le marcaba la huida se fue a torear, para sacarle las pocas embestidas que tenía. Basó la faena en la corta distancia sobre la misma puerta de chiqueros, sin llegar a levantar la faena. Mató de una estocada baja de la que necesitó el descabello. Dos orejas en su pueblo para abrir la Puerta Grande con el segundo de su lote.

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