Se busca recuperar la emoción perdida en el encierro de San Fermín

Por Noelia Crespo / Fotografía por Susana Ortíz

A 16 de julio y con San Fermín recién acabado, ya hay mucha gente de pensando en que queda menos para el año siguiente. En 357 días volverá a ser de nuevo 7 de julio, volverán a sonar los despertadores antes de las 8 de la mañana, con la inquietud y los nervios de que vuelven los encierros a Pamplona. Ayer a esas horas por las calles de la capital navarra se respiraba un aroma distinto a los días anteriores, el silencio había vuelto a la ciudad tras el bullicio y alboroto vivido. Ya no había corredores, ya no había toros ni cabestros, los residentes y vecinos de la ciudad retomaban a esas horas la normalidad tras una semana intensa por las fiestas de San Fermín, aún con la resaca todavía del pobre de mí, pensando en que ya falta menos.

Ocho días de encierros después, hacer balance de ellos no resultaría demasiado complicado. Decir que lo mejor se vio en los tres últimos sería una manera perfecta y escueta de resumir las ocho carreras. Ha sido una semana llena de ciertas protestas hacia la manada de bueyes de la Ganadería de El Uno, protagonista y encargada de guiar a los toros de cada día desde los corrales de Santo Domingo hasta la Plaza de toros. Por momentos demasiado protagonistas, yo no soy partidaria de estos encierros, pero no critico su trabajo, el cual creo que ha sido inmaculado teniendo en cuenta cuál es la función para la que han sido contratados sus bueyes, así que por esa parte darle la enhorabuena.

Los encierros evidentemente ya no son lo que eran en su época, y aunque los tiempos cambian, siempre hay tiempo para subsanar los errores y mantener las tradiciones como siempre se han vivido, que por algo son tradiciones. Cabestros muy grandes y muy rápidos a los que sumada la velocidad de los toros, a los cuales corren en las ganaderías volviéndolos cada vez más atletas, han conseguido este año hacer del encierro una auténtica carrera para ver qué día llegan antes a la plaza, olvidando por momentos cuál es la esencia del encierro pamplonica. Hasta el encierro de Núñez del Cuvillo, todos los anteriores podemos resumirlos en apenas unas frases: “Los bueyes siempre por delante de los toros, agrupando y protegiendo la manada e impidiendo las carreras de los mozos”. Fueron esos días cuando los protagonistas principales fueron los famosos Ronaldo, Messi, Sevillano, en lugar de los que deberían ser los verdaderos protagonistas, los toros. En esos días siempre hubo la esperanza de que ganaderías como Cebada Gago o José Escolar, proporcionaran la emoción necesaria y vivida en el pasado en los encierros de San Fermín. Paradojas de la vida, eso no ocurrió, y tuvimos que esperar a los últimos días para ver algo diferente a lo visto días atrás.

Sin los cabestros futbolistas, aunque en el de Miura alguno apareció, y con más cabestros nuevos, fueron una de las ganaderías habituales en los últimos años, la debutante y la legendaria, es decir, Núñez del Cuvillo, La Palmosilla y como no, los Miura, quiénes mejores encierros protagonizaron, permitiendo mejores carreras a los mozos. Estos corredores, días atrás intentaron en forma de «sentada» protestar contra la inexistente emoción en el encierro por culpa de la manada de bueyes. Protesta coherente ya que son muchas las personas que se desplazan en esas fechas a Pamplona solo para correr el encierro, pena que apenas fuera secundada por todos los corredores. Aún así la organización acertó de manera rotunda en apartar a esos bueyes tan protagonistas. Sin ellos volvió el interés y las posibilidades en las calles de la capital navarra, acierto sí, pero decisión tardía por parte de la organización.

Dejando al margen la protesta contra la manada de bueyes, otra polémica que surge de nuevo año tras año, es el uso del antideslizante en el recorrido. Con tan sólo este producto se ha conseguido que disminuyan tanto las caídas de los toros como la emoción del encierro, hechos que hacen que cada vez los encierros de San Fermín despierten menos interés entre los verdaderos aficionados a correrlos o verlos por la televisión.Finalmente, y aunque sé que en este tema hay muchas y diversas opiniones, quiero dejar bien claro que yo particularmente no busco un encierro con cogidas (algunos piensan erróneamente que la emoción que buscamos los aficionados al encierro es esa), tan solo quiero reclamar de nuevo por la esencia que siempre han tenido los encierros. ¿Por qué antes interesaban y gustaban más tanto a corredores como a los que lo ven por la televisión? Esa es la pregunta que muchos se deben hacer.

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