Segundas partes nunca fueron buenas

Por Adrián Blázquez

Toros de la ganadería de Alcurrucén para los diestros Antonio Ferrera, Diego Urdiales y Ginés Marín.

Llegaba Antonio Ferrera a su última tarde de San Isidro tras la Puerta Grande conseguida en la primera de sus actuaciones en la que cuajó una faena fuera de lo establecido en el primero de su lote de Zalduendo. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas y en el día de hoy pudimos comprobarlo. Tempranas sonaron las primeras palmas de la tarde, cuando el maestro Ferrera puso en suerte al toro en la segunda vara del tercio con gran torería. Hasta ahí llegaría su actuación en este gran toro. Ya con la muleta, quiso repetir y recrear aquella faena que encandiló a gran parte de la afición; a otros no tanto, por salirse de los cánones clásicos y los modernos establecidos. Toreó buscando el mismo resultado, pero esta vez no engañó a nadie. Faena de formas pero no de fondo, sin ningún orden y fuera en todo momento, que no llegó a calar de manera rotunda en unos aficionados que ya no asistían a la novedad. Sólamente aquellos que de oídas o en vídeos vieron aquella faena de Zalduendo se dejaron llevar, pidiendo una oreja que el presidente no concedió. Bien aguantado. Las imitaciones y segundas partes nunca fueron buenas y dejó pasar un toro con movilidad al que no entendió, basando la faena en las inmediaciones de chiqueros de forma errónea.

Salió el cuarto de la tarde con algunas protestas en relación a su comportamiento, con un acusado defecto en los cuartos traseros que le hacían patinar y medir en demasía en cada embestida. Por costumbre se ovacionó a Fernando Sánchez en la colocación del segundo par, que esta vez no lo mereció, a pesar de la gran feria que está realizando y sin dudar de su profesionalidad. Ya con la muleta, se verificó que ésta no era la tarde de Ferrera. Y hoy no hacía viento. Abrevió para acabar pinchando en su primera entrada. Lo trasteo pegado a tablas en los términos del cinco por abajo antes de volver a entrar, dejando un bajonazo que no se molestó en disimular.

Ocuparía Diego Urdiales el segundo lugar en el cartel, tratando de reafirmarse en el compromiso con la plaza que le volvió a ensalzar tras el triunfo en la pasada feria de otoño. No terminó de acoplarse con un toro al que le costaba regalar las embestidas. Sin buscar la colocación, buscó el toreo puro que le caracteriza pero ni si se encontró él ni encontró toro con el que expresarse. Estocada algo delantera con efecto inmediato a un toro que fue protestado de salida en un mal encierro de Alcurrucen, por segunda vez en lo que va de año.

Tardó en parar al quinto toro de la tarde el diestro de Arnedo, que huía de los capotes y por momentos se hizo dueño de los medios del ruedo. Dejó una faena de menos a mas que fue convenciendo poco a poco a los que ocupaban los tendidos. Destacaron algunos naturales de mucha clase y algún remate por abajo que no terminaron de redondear su penúltima actuación de la feria. No ayudó la espada, que cayó en buen sitio pero no con el efecto esperado, a que los pañuelos asomaran de forma mayoritaria en los tendidos del coso venteño que ya saben el toreo que puede alcanzar Urdiales y que en esta tarde solo mostró en pasajes aislados.

El primero de Gines Marin fue un toro cinqueño fuertemente protestado de salida. Flaco favor hizo el patriarca de los Marín a su hijo tratando de engañar al respetable simulando una suerte de varas en la que no llegó a apoyar la vara. Simulación con el objetivo de cuidar a un toro que no se tenía en pie, que finalmente se fue sin picar, tremendamente protestada por el tendido. No atendió a las protestas el presidente Oliver, como ya nos tiene acostumbrados desde las novilladas de marzo, que cambió el tercio dejando a un inválido en el ruedo. Puede que le pesaran a Gines aquellas declaraciones contra el palco en los micrófonos de los medios televisivos. Faena con intenciones pero sin toro en la que de nuevo se lució Oliver. 

Hubo poco orden en el primer tercio del toro que cerraba el pésimo encierro de Alcurrucen. De caballo a caballo como si de un pinball se tratara, no consiguió poner en suerte al toro en ninguna de las entradas. Esta vez si hubo distancia en la faena, que no fue otra que la recorrida por el joven torero en su objetivo de sacarle algo a un toro manso y huidizo. Mató con una media efectiva y un estoque con almohadillado con defecto.

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