Valencia, tocada pero no hundida

Por Roberto Rodriguez

Parece mentira, pero la plaza que vio nacer a El Soro, Manzanares (padre), Esplá, Vicente Barrera, Montoliú, etc… está herida de muerte. Herida de muerte porque la están prostituyendo hasta denigrarla a máximos insospechados. ¿Valencia Plaza de primera? Será sobre el tablero, porque el toro que sale no lo es y la afición (en su mayoría) deja muchas dudas sobre ello. La exigencia, muy por debajo. Quizás habría que replantearse las cosas.

Mención especial para los bailes de corrales protagonizados por veterinarios, parece que incompetentes, los cuales reducen el trapío según exigencias, trayendo así locos a los ganaderos que allí presentan a sus pupilos. Varios son los ganaderos que se han quejado de ello y de no dejar lidiar sus toros designados y preparados (Alcurrucén por ejemplo).

Fallas es sinónimo de fiesta, pero Valencia es de primera y siempre lo ha sido; rigor en el palco con Horroroso (correcto), pero también debe haberlo en otras cosas.

Puerta grande regalada a López Simón, por ejemplo y, recordar al menos dos inválidos de Zalduendo que el presidente tuvo a bien dejar en el ruedo. Veremos, varios pitones eran muy sospechosos y se están analizando en laboratorio.

Destacar también algunas flojas entradas como la del Día de San José, la más floja que se recuerda en el día grande y que ni Ponce con Ventura por delante logró meter tres cuartos de entrada en el coso de la Calle Xàtiva. Algo hay que hacer de manera urgente para reflotar Valencia porque va de capa caída. Quizás pase por dar una patada al «produgtor de arte» o exigir regularidad y uniformidad en las decisiones tomadas desde el palco.

Ánimo a Ponce y desearle mucha fuerza con su lesión de «triada»; también rezar para que Ricardo haya recabado semen de Damasco, un torazo importante. Pablo Aguado se ha ganado por derecho entrar en carteles principales, aunque la meritocracia brille por su ausencia en este mundo. Lo mismo para Octavio Chacón. Ojalá y que Ureña siga siendo Pureza Ureña, a pesar de su lesión. Para finalizar, recordar a Finito de Córdoba, que nos dejó el aroma de ese toreo añejo tan propio de su tauromaquia.

Valencia está tocada, pero no hundida. 

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