Valentín Hoyos, el novillero que no fue a pasar la tarde a Candeleda

Por Lucía Hernández

Candeleda, 10 de septiembre. Festival sin picadores con reses de Julio Aparicio para Víctor Puerto, Marc Serrano, Antonio Nazaré y el novillero Valentín Hoyos. Variado juego de los novillos en una tarde en la que molestó el viento.

Salió el primer jabonero de la tarde al que Víctor Puerto recetó un largo recibo capotero con variedad de suertes. Brindó al respetable antes de comenzar el trasteo. Con la franela por ambos pitones intentó torear pero pocos muletazos fueron lucidos. El novillo tuvo fijeza y aunque en ocasiones hacía hilo, estaba con el torero en todo momento. Pidió el diestro la música para levantar una faena que no llegó a romper. Hubo algún momento de apuro del que salió aparentemente ileso. Tras varios intentos enterró media espada y así culminó la labor. Silencio para novillo y saludos para el diestro.

Marc Serrano saludó al segundo de la tarde por verónicas y cerró con una media, recibo aseado. En el tercio de banderillas el novillo se hizo el dueño del ruedo poniendo en apuros a la cuadrilla, tuvo el diestro que colocar al animal. El francés no tuvo su tarde, tenía mucho que torear el novillo y ya fuera por falta de capacidad o de ambición se quedó con ello dentro. Tiró de molinetes como recurso para levantar el ambiente, no lo consiguió. El pitón derecho fue el más potable, a media altura y vaciando la embestida para fuera dio muletazos. Al segundo intento enterró la espada de manera defectuosa que sirvió, tardó en caer el novillo. Vuelta al ruedo por su cuenta.

No se pudo estirar Antonio Nazaré a la verónica y tuvo suficiente con capear la racha de viento. Por bajo comenzó la faena, brindó al público e intentó fijar las embestidas. Basó su labor en el pitón derecho, por donde dejó algún muletazo con mucho sabor. El pitón izquierdo del animal quedó algo inédito ya que tenía muchas teclas que tocar y no supo sacarlo. Abrevió aunque ya había llegado a parte del tendido con su torería. Estocada baja al segundo intento que fue treméndamente efectiva. Oreja tras la leve petición.

Al son de la jota el novillero salmantino Valentín Hoyos hizo que sonaran los olés en el tendido con una larga cambiada para cerrar un intenso recibo capotero. Quitó al novillo por distintos palos, dejando claro que no venía a pasar la tarde. Brindó al ganadero Julio Aparicio, que se encontraba en el ruedo. Con las rodillas en tierra y pegado a tablas abrió faena. Dando distancia citó al toro para así lucirlo por ambos pitones. Destacaron los derechazos con mano baja y, aunque el novillo mostraba menos recorrido, también se puso al natural. Cerró por bernadinas aunque le desarmó. Erró en la suerte suprema reiteradamente pero el público premió su entrega con dos apéndices.

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