No podría aventurarme y emitir un juicio real sobre cuáles han sido los mejores años del toreo, pues de todos ellos hemos recibido un importante legado que ha contribuido a darle forma a la tauromaquia tal y como la conocemos en nuestros días. Es preciso realizar un viaje a través de las diferentes etapas de la tauromaquia moderna para tener una opinión formada sobre esta cuestión. Les adelanto que aún así, el veredicto se hace imposible. 

Arranca el siglo XX y con él la hegemonía de Joselito y Belmonte, abanderados del toreo en redondo y la conquista de los terrenos del toro, respectivamente. Nuestra siguiente parada nos sitúa en la mitad de siglo, donde la ligazón de Manolete y el temple de Antonio Bienvenida sentarían definitivamente las bases del toreo actual. Durante las dos décadas posteriores a 1960, conviviría la profundidad de Ordóñez con el abandono e involución en la técnica de El Cordobés. Llegamos al final de nuestro particular viaje por el siglo pasado de la mano de Paco Ojeda, máximo representante de la colocación y el temple. La culminación total de la obra llegaría pocos años después de la mano del maestro de Galapagar, el último señor de la tauromaquia.

Volvamos al presente. Con los conceptos del toreo plenamente asentados, nuestro legado debe pasar por el respeto al toro, auténtico rey de la fiesta. Sin embargo, desde unos años hasta ahora, el aficionado ha venido comprobando como, cada vez con más descaro, se producen atropellos por parte de empresarios, toreros y ganaderos en complicidad con los equipos gubernativos y veterinarios de las plazas; incluso en algunas de primera categoría. El afeitado descarado de los toros supone un retroceso en el mundo taurómaco y una victoria para todos aquellos animalistas que quieren acabar con la fiesta, pues esta práctica llevará al aficionado a abandonar las plazas. 

Novillos de El Parralejo lidiados el 12 de marzo en la Plaza de Toros de Valencia.

Con la falta de nuevas ideas y toreros revolucionarios en la actualidad, cualquier práctica que se normalice corre el riesgo de convertirse en un vergonzoso legado para el futuro de la tauromaquia. Desde novilleros a matadores consagrados, todos son culpables al permitir en algunos casos o exigir en otros, que se realice este atentado fatal contra la integridad del toro. Ante el continuo silencio por parte de los principales medios de comunicación y el resto de integrantes del sector, es el aficionado quien se ha visto en la obligación de denunciar el maltrato que está sufriendo como cliente.

Tras los últimos acontecimientos acaecidos en la Feria de Valencia quiero denunciar, desde el espacio que me brinda este medio, el fraude que nuevamente se ha hecho presente desde el inicio de la temporada. Si este es el futuro de la fiesta, avisen que yo me bajo.

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