Vicente Sánchez López: «Salamanca tuvo, y tiene, el abanico de encastes más amplio de España»

Por Noelia Crespo

Tras sus dos anteriores novelas, “El toro de Salamanca. Pasado, presente y futuro del Campo Charro” y “Verde y Oro, ¡Coquilla!”, el escritor salmantino Vicente Sánchez López ha publicado su tercera obra, “El toro charro. Orgullo de Salamanca”.

Un libro que permitirá a todos aquellos que lo lean viajar por la historia de todas las familias ganaderas de uno de los campos bravos más importantes, el campo salmantino.

[P] Buenos días Vicente, en primer lugar, agradecerle su tiempo para esta entrevista. ¿Cómo y por qué nace “El Toro Charro?

[R] Buenos días y muchas gracias a vosotros por acordaros de mí.
Pues este libro se llevaba fraguando hace algunos años pero la pandemia retrasó su salida a la luz y, en definitiva, es la ampliación y la actualización de mi primera obra “El Toro de Salamanca” que escribí en 2011 sobre la historia ganadera de Salamanca y sus principales familias.

[P] El libro es una obra de arte por dentro y por fuera con las imágenes que lo ilustran. ¿Qué nos puede contar sobre el toro de la portada y la contraportada?

[R] Esos dos toros, personalmente, significan mucho para mí. Tanto como aficionado como por la amistad y cariño que me une a las dos casas a las que pertenecen. El de la contraportada en un semental de la ganadería de Iruelo de nombre Gavioto, fiel prototipo de su origen Dionisio Rodríguez, y el de la portada es Batanezon-16, un toro tremendamente especial porque es el último toro marcado con el hierro de Sánchez Cobaleda y lidiado hace unos años en las calles de Lliria para regresar después a Castillejo de Huebra y convertirse en la base con la que la familia Majeroni trata de recuperar ese mítico hierro.

[P] ¿Qué tiene de diferente y de especial este libro con respecto a los dos anteriores?

[R] Pues es especial por muchas cosas. Primero, por el momento en el que ha visto la luz; segundo, porque este tiene cincuenta capítulos frente a los treinta y ocho que tenía el primero; tercero, porque está lleno de imágenes, antiguas y actuales, únicas que gustosamente me han cedido varios amigos y fotógrafos; y cuarto, porque en las últimas páginas hay una veintena de árboles genealógicos con los que se puede desenmarañar el parentesco entre diferentes familias ganaderas.

[P] Como enamorado del campo, y sobre todo del campo charro. ¿Qué perspectiva tiene de cómo ha evolucionado todas sus labores durante el tiempo?

[R] Como la vida misma, y el mundo del toro no es menos, todo evoluciona. Se pierde romanticismo y se gana en comodidad. Muchas cosas han cambiado. Fundas, manejo, alimentación, selección… Pero, aunque no lo parezca, al toro se le cuida y se le exige más que nunca.

[P] En relación a la pregunta anterior y sabedores de su pasión por el encaste Coquilla, ¿qué piensa de la pérdida de un encaste tan legendario como este en las ferias? ¿Cuáles son sus familias ganaderas predilectas?

[R] El encaste Coquilla, al igual que otros muchos que esta tierra creó y crió, lleva años arrinconado y sobreviven gracias a unos pocos románticos que aún los crían. Desde que aparecieron la báscula y el guarismo esos encastes que hoy peligran empezaron su calvario.
En cuanto a lo de señalar mis familias ganaderas predilectas he de confesar que debería enumerar bastantes. Unas por afecto personal y otras por respeto como aficionado así que como la lista sería larga y quizás me olvidara de alguna prefiero no decir ninguna…

[P] ¿Cómo de importante cree que puede ser la lectura taurina para poder conocer el mundo del toro?

[R] Creo que no sólo es importante leer para conocer más el mundo del toro, que lo es. Es que leer te mantiene activo, te relaja y, por supuesto, nos ayuda a mejorar y seguir aprendiendo.

[P] ¿Cómo valora la variedad de encastes en la provincia y cómo ve el futuro? ¿Cree que tras la corrida de Galache en Salamanca las figuras volverán a pedir otros encastes y salirse de la monotonía?

[R] Aquello fue único. Esa tarde La Glorieta se llenó de gente joven que en su mayoría nunca había visto un toro de Galache y salió de allí pensando que había asistido a otro festejo diferente al que se acostumbra a ver. Ahora parece que algunos toreros se están apuntando a matar otro tipo de toro, pero es muy complicado. Sobre todo en plazas importantes por la sencilla razón de que la exigencia en los reconocimientos veterinarios ya hace que de un sólo plumazo muchas ganaderías no puedan lidiar aunque cierto torero la pida.
Salamanca tuvo, y tiene, un abanico de encastes más amplio que cualquier zona ganadera de España. En becerradas y novilladas sí que se puede ver esa variedad, y por suerte, estas dos últimas temporadas, el ciclo de novilladas que organizan la Fundación del Toro de Lidia y la Junta de Castilla y León está sirviendo para que ganaderos que mantienen esos encastes diferentes lidien algún ejemplar con muy buenos resultados en su mayoría. Pero el problema viene cuando a esos encastes se le exige, en plazas de mayor relevancia, un peso y un trapío que no pueden tener. Para mí ese es uno de los grandes temas pendientes desde hace años: educar al aficionado. Y aunque haya excepciones que confirman ciertas reglas por lo general un toro de origen Coquilla no puede competir en tamaño ni en pitones con un toro de origen Lisardo, ni un toro de origen Graciliano puede tener la duración en la faena de muleta de un toro de origen Domecq.