Villanueva del Arzobispo | Cinco orejas en un interesante encierro de Santiago Domecq

Por Blázquez del Coso

Corrida de toros en Villanueva del Arzobispo donde se lidiaron toros de Santiago Domecq para Diego Urdiales, Emilio de Justo y Juan Ortega donde se cortaron un total de cinco orejas y se premió con la vuelta al ruedo al segundo de la tarde de nombre Durillo.

Llegó Emilio de Justo con la intención de seguir reivindicándose ante los empresarios que le mantienen apartado de las principales y escasas ferias previstas para las próximas fechas. Con el aficionado ya ganó esa batalla hace varios años. En el primero de su lote se encontró con un toro encastado que se movió con gran motor durante el transcurso de toda la lidia. Embistió con la cara a la altura del estribo en el caballo y recibió un quite por chicuelinas de mano baja y lucida media para rematar. Con mucho mando y mano baja, orquestó un inicio de faena genuflexo con la franela que levantó los primeros y mas intensos olés de la tarde. Pese al viento, que fue protagonista durante toda la tarde, consiguió llevar cosidas a los vuelos las embestidas de Durillo, que no paraba de embestir mostrando la casta por delante de la clase. Redujo las distancias con el toreo al natural, por donde brilló en una gran tanda, pero le faltó apostar por el toro y sacárselo a los medios para completar la pelea de tu a tu. Terminaría la faena de la misma manera en la que la empezó y en la suerte de recibir dejó una estocada que le sirvió para recoger los dos apéndices de Durillo tras la concesión de la vuelta al ruedo.

No tuvo tanto motor el quinto de la tarde, pero sin duda se llevó el mejor lote del encierro. Recetó un largo recibo a la verónica mas allá de la segunda raya y llevó a su oponente hasta los términos del picador con chicuelinas al paso. Como ya hiciera en su primero inició por bajo a un animal de distinta condición. Cuidando la colocación y el trazo, destacó mas al natural y esta vez erró con los aceros hasta en dos ocasiones, que no le privaron de completar su tarde con tres trofeos.

Por su parte, Diego Urdiales no tuvo suerte con el primero de la tarde. Empezó la lidia desordenada y sin mando con un toro que fue de un caballo a otro hasta en cuatro ocasiones. Dos y dos, para hacer justicia. Desde que lo probó en las telas del capote, dio muestras de poca fuerza. Tuvo un buen inicio con la muleta pero la faena se fue desinflando ante un toro que aslia distraído de las telas. Pese a dejar buena estocada, se alargó la muerte del animal y recurrió a un certero golpe de descabello. Saludó en el tercio las palmas de los asistentes.

Si consiguió poner en suerte al segundo de su lote en el caballo, hasta en dos ocasiones. De menos a mas fue una faena que inició con un toro que se metió por dentro a la altura del pecho tras sacarlo a los medios. Urdiales lo puso todo delante del toro y a base de colocación y templanza exprimió lo que tenía delante. Acortó distancias y apostó por las cercanías en una faena de gran dimensión. Con habilidad metió una espada contraria para rodar al toro y cortarle un oreja de justicia.

Juan Ortega dejó ya en su primero de la tarde grandes destellos capoteros con su recibo que, sin la continuidad que nos hubiera gustado, consiguió abrirse a la verónica. Soso y con poca entrega en el caballo fue sin duda el peor toro del encierro. Perdió las manos en reiteradas ocasiones y apenas dejó lucir el toreo del sevillano. Ortega sufrió una voltereta al entrar a matar que no le impidió continuar en la arena.

Con el sexto de la tarde llegaría el toreo de mas quilates. Tras pasar por la enfermería salió Juan Ortega con un visible vendaje fruto de la cornada interna que finalmente le infirió el tercero de la tarde. Con la muleta salió a relucir el toreo que Ortega tienes en sus muñecas. Verticalidad y temple para ralentizar unas embestidas que se pasó por la bragueta de manera magistral. La expectación era máxima en los tendidos y el murmullo de que algo grande podría pasar se hizo presente. Los vuelos sin brusquedades y el pecho delante por bandera como seña del buen toreo alcanzaron altas cotas en la faena. Le faltaron muchas cosas a la faena, entre ellas un oponente a la altura de su gran poder torero, pero las que hubo fueron esplendidas. Juan Ortega tiene el toreo en sus muñecas y que mas le hubiera gustado a un servidor verle con algún que otro toro de los de hoy diferente a los de su lote. Cortó una oreja tras pinchar arriba en su primer intento y enterrar el acero a la segunda.

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