Villaseca de la Sagra | Una llamada triunfal para José Rojo

Por Blázquez del Coso

Creo que fue el pasado viernes en Añover de Tajo cuando llegaron las primeras noticias de una posible suspensión del Alfarero de Oro de Villaseca de la Sagra. Suspensión, que no boicot. Los días se han ido sucediendo y arrancando días al calendario las presiones y enfrentamientos han llegado al punto que hoy nos encontramos. Es la hora de comer y aún no se han sorteado los novillos de Cebada Gago que esta tarde tienen y deben saltar al ruedo para los tres novilleros anunciados. La taquilla ha funcionado a toda máquina durante los días previos, pese a la aglomeración que se observa en ese espacio durante toda la mañana. La información que llega es contradictoria, pero las imágenes no mienten. No son aficionados los que se agolpan en la corredera que da acceso al interior de las instalaciones de la plaza y a los corrales. Siendo amplios, se quedan pequeños para el centenar de personas que esperan a la entrada. Aquí se está jugando algo más y no se trata del cumplimiento o no de los textos legales. Está en juego el respeto al aficionado que de un momento a otro empezará a llegar a la plaza. Como siempre, nadie piensa en él; en los desplazamientos por carretera, en los esfuerzos económicos o en la simple contradicción permanente en la que se encuentra al alimentar su pasión. 

Manuel Diosleguarde y Alejandro Mora no se han caído del cartel de esta tarde. Se han quitado o les han quitado. De una u otra forma, el cartel está hecho añicos a falta de escasas horas para la celebración del festejo marcado para las seis y media. Los motivos no me importan; la decisión, sí. De nuevo son los mismos quienes salen perdiendo en esta guerra de trileros. La afición tiene memoria y quizás luego sea tarde para el reencuentro. 

No miento si digo que la comida se me hizo bola. ¿De donde sacamos ahora a dos novilleros con sus correspondientes cuadrillas para salvar el festejo? Las líneas de teléfono arden, pero la confirmación llega pronto. José Rojo y Miguel Zazoconfirman su asistencia para completar el cartel a escasas horas del inicio. El tiempo juega en su contra, pero las ganas de torear son más fuertes. Y allí están a las seis y media de la tarde para realizar el paseíllo junto a Emilio Silvera, el único que estuvo y está. Las cuadrillas se han salvado con dificultad. Falta un picador y sobra un banderillero. Como pasa en el tendido, donde no me interesa la tendencia política del vecino de abono, tampoco aquí es necesario pedir la cartilla de afiliación. La profesionalidad se demuestra en el ruedo y la afición en el tendido. El que está, ya tiene puntos sobre el que no. Sin la participación de los habituales, ¿se ha notado algo? En absoluto. Mismos fallos y mismos aciertos, propios de quien lo intenta. Aún así, algunos intentan sobresalir ante la oportunidad que les brinda una plaza llena y volcada en el festejo. En la memoria ya queda la actuación de José Otero, que ha puesto patas arriba la plaza con dos pares de poder a poder, sin ventajas y sin capotazos en la brega. Hoy todo le vale para demostrar que también es un profesional de categoría y la plaza se lo reconoce partiéndose las manos. También recuerdo una gran brega al cuarto de la tarde bajo las órdenes de Emilio Silvera. 

Lo de José Rojo merece mención aparte. Pensaba ver la novillada por la televisión y aquí está, cruzando a hombros la Puerta Grande de la Sagra tras una gran tarde donde ha cortado una oreja a cada uno de sus novillos. Pierna de salida en el carril del toro, ganas de mostrar su mejor versión y una estocada donde se fue a los infiernos con su primer toro para volver a tocar el cielo de Villaseca de la Sagra. La del segundo, un nuevo puñetazo impropio de un novillero por su gran ejecución, colocación y efecto. Quién le iba a decir que hoy su nombre sonaría con fuerza entre los aficionados. Las oportunidades están para aprovecharlas y Rojo lo ha hecho. Con su actuación y el compromiso de los actuantes, a la afición no e queda mas que estar agradecida. Hoy han ganado los buenos; ha ganado el aficionado.

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