Voluntarioso Castella entre la mansedumbre ganadera y la decepción de Morante y Roca Rey

Por Enrique Carcelén

Lima 1 de diciembre en la quinta de abono, tarde soleada y con una gran asistencia en los tendidos, casi un 90% de la plaza llena para presenciar el fin de esta miserable temporada. Se lidiaban toros de Aníbal Vásquez, 2 de su hierro de El Olivar y 4 de su otro hierro de La Viña. La corrida fue anunciada como goyesca unos días antes para intentar congregar más público, trajeron a una artista mexicana para pintar el ruedo en honor a Pancho Fierro, interpretando a su manera una de las acuarelas taurinas del pintor limeño del siglo XIX.


Morante de La Puebla reemplazaba a José Mari Manzanares, generándose un morbo luego que en la temporada 2018 salió de la plaza de Acho en una bronca descomunal; le llovieron insultos, almohadillas y hasta bebidas alcohólicas por el descaro de haber abreviado sin justificación a sus dos ejemplares del Puerto de San Lorenzo y La Ventana del Puerto. La empresa había vendido su presencia en el cartel como la revancha de Morante con la afición de Lima, daba risa hasta leerlo y en la vida creerlo.
Excelentemente vestidos los tres espadas, Morante repitiendo el traje de Ronda 2019 y Andrés Roca Rey estrenando uno que seguramente había mandado confeccionar para aquella ocasión y por su prolongada lesión no pudo utilizar. Los mal vestidos en el paseíllo fueron los monosabios y un picador al no llevar chaquetilla goyesca. En cambio los encargados del arrastre bien a la usanza goyesca. Corrida retrasada más de 20 minutos por entonar el himno nacional y el despeje de plaza por parte de la Compañía Fanning de la Marina de Guerra del Perú.


Primer toro para Morante, un negro bragado con el hierro de La Viña. José Antonio pega lances con el capote hacia arriba, los últimos a media altura. Se cambia el tercio y mientras salen los hombres a caballo el toro salta al callejón desde el burladero del tendido 4 (sombra). A su salida, el subalterno Edward Valdés “El Rata” no puede pararlo y se va al relance pegado a tablas directamente al caballo de Angelo Caro, lo tumba con poco esfuerzo y luego atraviesa toda la arena mientras los subalternos ingenuamente tampoco pueden pararlo. Va en busca del otro caballo y en plena reunión entre el toro y el peto el caballo a favor de querencia se desploma. Luego de haberse escapado a terrenos de toriles, Morante desde los medios llama al astado pero vuelve a escapársele suelto acudiendo nuevamente al caballo de David de La Barra en querencia, es picado prolongadamente, el toro se encela y se duerme, nunca se emplea a pesar que en algún momento quiso recargar. Cambio de tercio y el de La Viña busca los terrenos de toriles donde se siente más cómodo por su mansedumbre. En banderillas confirma su condición al ser pareado en movimiento ya que no se dejaba colocar, entrando y saliendo rebrincando en cada encuentro. Morante en tablas busca meterlo en muleta pero el toro sale suelto en cada pase, a pesar de estar en terrenos cercanos a la puerta de toriles. Intenta el andaluz llevarlo a los medios pero el animal protesta. En el tercio algunos naturales con mucha especulación terminan de convencernos que el toro no sirve; calamocheos, embestida descompuesta, pegando hachazos. Mete y saca en zona de bajonazo, el animal dobla. Así sea un manso si no realizas una lidia adecuada desde el primer tercio no esperes que mejore, menos aun si no te arrimas o careces de una muleta poderosa. Excelente excusa buscar acrecentar los defectos para justificar la condición no apta en el último tercio. Pitos en el arrastre.


El cuarto toro, un castaño bien armado también del hierro de La Viña con 562kg, bastante serio de cara, cuesta arriba, algunos aplausos por la presentación. Expectativa por lo que sucedería con un animal así enfrentando al de La Puebla que no gusta de toros con esas características. Morante espera que el animal luego de una salida natural de una vuelta entera al ruedo, recién ahí le presenta el capote a muchos metros de distancia y displicentemente lancea hacia atrás como subalterno, nunca le caminó o intentó llevarlo a los medios para ver realmente las características de su embestida. Antonio Jiménez “Lili” lo deja en suerte y el animal se arranca al caballo de David de La Barra, puyazo trasero, el toro mete la cara abajo, se recuesta sobre el pitón izquierdo con las cuerdas aún adentro. Castigo prolongado a pesar que ya había sacado la cara del peto, mientras el supuesto director de lidia no daba órdenes de levantar el castigo. Calamocheos y derrotes del toro por sacarse la vara de encima, castigo prolongado por más de minuto y medio, innecesario cuando el toro no responde, recién después de todo este tiempo es que los subalternos acuden a sacar al toro del peto, una vez alejado recarga contra el caballo y al cogerlo de una pata trasera el equino se vuelve a desplomar al igual que en el primer toro, raro, habrá que revisar si esta cuadrilla de caballos es muy débil o toma algo antes de las corridas que merme sus condiciones. Nuevamente mal hecha la suerte de varas, si el señor Morante quería desgastar al animal que lo haga entrando dos o tres veces al caballo para ver su condición, pero para evitar encabronar al público prefiere buscar reventarlo en la primera entrada. Buenos pares de El Rata, ganándole toda la cara al toro, en el balcón prácticamente y el animal mostrando una gran arrancada al momento de citarlo, se desmontera el subalterno para recibir la ovación. Displicente nuevamente Morante, quién aliviándose en cada pase intenta vender una supuesta mala condición del toro, por lo poco expuesto en los tercios anteriores había vago conocimiento de sus características pero no se veían malas maneras del animal. Nunca se para, pases por alto buscando el derrote del toro, al natural intenta medios muletazos siempre con el pasito para atrás. Pasados 3 minutos va por el acero y suenan con fuerza las matracas y cencerros, primer pinchazo y la gente se encabrona, gran parte de la plaza vocifera al unísono “¡Morante nunca más!”. Busca Morante el cuadrarlo, y sobretodo reventarlo para que descuelgue ya que el animal está entero, para esto caminan juntos a terrenos de toriles, zona de mansos, pasando esta zona y luego de algunos minutos vuelve a pinchar en el burladero del tendido 15 de sol, pitos, matracas y sube la intensidad de la bronca. Bajonazo ejecutándolo mismo novillero, pasan los 10 minutos y no se escucha el aviso de parte del palco. Se repite la bronca del año anterior, definitivamente Morante nunca más en Acho.


Sebastián Castella regresa luego de no estar acartelado la temporada anterior a una de sus plazas talismán. Sale el segundo, un negro listón de supuestos 581kg con el hierro de El Olivar, cuesta arriba y algo cómodo de pitones. De salida contraria, abanto y soso, Castella va llevándolo con delantales hacia los medios, donde el toro sale suelto luego de cada lance y demora en volver a fijar su mirada en el francés. Castella ordena que su picador César Caro avance unos metros a favor de las agujas del reloj, debido a lo difícil de parar bien al toro y dejarlo colocado en suerte. El animal penetra las líneas concéntricas y se arranca al caballo paralelo a tablas. Calamocheos haciendo sonar el estribo, recostándose por el izquierdo luego de dar una vuelta y haberle tapado la salida unos segundos, Castella rápidamente ordena levantar el castigo saliendo de manera solitaria el toro del peto, buscando terrenos de mansedumbre. En banderillas destaca Ricardo Ramos “El Loro”, mientras el español José Chacón luchaba por fijar al huidizo manso en terrenos de sol con el menor número de capotazos posibles. Castella inicia el trasteo pegado a tablas, finos derechazos para ir metiendo al manso en la muleta. Ya en el tercio el animal sale suelto luego del segundo derechazo de la primera tanda en redondo, Castella busca un trazo más corto, dejando la muleta en la cara del astado para evitar su huida, vuelve a salir suelto en la tercera tanda de derechazos dirigiéndose a zona de toriles. El diestro francés lo persigue, se para delante del astado y perpendicular a tablas cita, nuevamente huye el segundo derechazo, insiste en recolocarse el torero y ayudándose del pico vuelve a citar a pesar de las protestas del toro, huye, Castella de tanto persistir le encuentra los terrenos en el tendido 15 de sol mientras suena el pasodoble del torero. Tandas en redondo sin sacarle el engaño de la cara, agua de un pozo muy seco. Bien colocado continúa exprimiendo al cornúpeta, ganándole un pasito a veces y con una dosantina que termina en un genial cambio de mano rematado detrás de la cintura. Al natural inicialmente punteaba el engaño, pero luego el animal noble acude a los suaves cites de Sebastián, naturales cortos que buscaban la ligazón a pesar de las limitaciones del astado. Última tanda, muy encimismado Castella extrae derechazos en redondo de uno en uno. Torero por encima del toro claramente. Estocada trasera y algo tendida, el animal demora en caer y sin haber petición mayoritaria el juez concede una benevolente oreja. Premio al mérito, que diferencia con Morante de la Puebla.


Quinto de la tarde, un negro también del hierro de El Olivar, cuesta arriba, muy tocado de pitones. En el capote de Castella mete mejor la cara por el pitón izquierdo ya que por el derecho mostraba una embestida descompuesta con las manos por delante. El francés lo deja colocado y el toro se arranca al paso, hunde la cara en el peto y Castella da la orden de levantar el corto castigo. Tanda de chicuelinas para calentar el enojado público después del petardo Morantista. Buenos pares de banderillas tanto de Chacón como de Santiago de la Rosa. Brinda Castella al público de Lima, estatuarios a pies juntos, llevando al astado a los medios con la izquierda en ocho (natural y el de pecho). Continúan los bocinazos de “¡Aprende Morante!”. Primera tanda sin mando, pegando pases por pegar y dejando al toro perder las manos. Segunda tanda citando a distancia, muy ligada, cambiando de mano a la izquierda y rematando con esa mano, sin perder terreno muy asentado. Siguientes series muy protestadas por el animal, metiendo derrotes. Por naturales el toro se va quedando corto y busca rebañar. Vuelta a la derecha, busca administrar las embestidas con cuartitos de pase, retrasando así la muleta al cite, aun así el animal derrota mucho y llena al francés de enganchones. Toro fijo pero de embestida gazapeante, Castella insiste en hacerlo pasar por su muleta, cero mando o intentos de cruzarse para dominarlo. Naturales a pies juntos, sin transmisión y ligazón, nulo intento de meterlo en muleta o corregir los defectos del astado, solo hacerlo pasar por inercia de cualquier manera. Dosantina final para recuperar movilidad y derechazos llenos de enganchones. Pinchazo, estocada arriba, el toro demora en caer e inexplicablemente lo premian con una oreja sin haber petición mayoritaria, que barata ponen la puerta grande desde el palco.


Andrés Roca Rey era la esperanza de la empresa para al menos intentar llenar el vacío artístico de la temporada. En su primer ejemplar, un negro listón de La Viña, claramente anovillado con por lo menos 100kg menos, escurrido de cuartos traseros y de fea encornadura parecida a la del toro camargués, cuesta arriba. Lances por verónicas ganando terrenos mientras va atemperando la inicial descompuesta embestida. Cite de largo por el varilarguero que hunde las cuerdas casi por los riñones del astado, y al rectificar pica más cerca de la paletilla que del morrillo, luego de cerdear en el peto el animal sale perdiendo las manos. Andrés lo prueba por verónicas en ambos pitones y mantiene ahora una embestida más atemperada a pesar de estar crudo en varas, se cambia el tercio. Buenos pares de Dennis Castillo a pesar que el toro acudía con la cara alta y se dolía de las banderillas. Luego de los trasteos iniciales, Andrés de rodillas busca encandilar al público neófito, pero luego de pasarse al animal por la espalda de hinojos casi es arrollado por el novillo. Insiste de rodillas en los medios, trapazos como si estuviera en un pueblo. Incomprensiblemente suena la música, Andrés busca el toreo fundamental, bajándole la mano a su rival pero es desarmado al intentar dar el de pecho. Con la izquierda se llena de enganchones, calamocheos del astado que mantiene un comportamiento de cunero, a veces dejarlo muy crudo no termina de ahormar la embestida. De regreso con la derecha el toro insiste en sus desmedidos derrotes al final del embroque, Andrés opta por citar retrasado y pisarle terrenos comprometidos, encimarlo. Horrible derrote que termina pegándole a Roca Rey en la cara, felizmente no pasó a mayores. Prosigue extrayendo derechazos sin sentido y terminan cuando nuevamente el anovillado pega otro derrote en el cuerpo del torero mientras daba uno de pecho. No puedes insistir en torear para la tribuna con una embestida tan descompuesta y peligrosa encima que te vienen desarmando varias veces. Más lidia y menos búsqueda del impacto fácil. Dos pinchazos y estocada entera.


Con el sexto, un colorado de La Viña aplaudido de salida, que ya acusaba debilidad en los remos desde su encuentro con el capote. Sin dejarlo en suerte el toro se va al caballo al relance, nulo castigo, crudo totalmente. Quites en los medios que confirman la blandura del astado en las manos, perdiéndolas. En banderillas pierde las manos luego de todos los pares. Andrés mete el primer molinete en los medios y el animal se va directo al piso. Cada vez que le exige pierde las manos. Luego de ir por los aceros Roca Rey mira a la presidencia y solicita antirreglamentariamente un toro de regalo, suenan las matracas y la protesta, esto no es la México señores, bien el juez en negarle la petición. Estocada desprendida, fin de las peores y más corruptas ferias de la historia de Lima.
Vuelve Morante a salir de la plaza en tremenda bronca, esta vez siendo protegido por los escudos de la policía. Descastados y afeitados totalmente todos los toros, silencio total del palco en realizar exámenes pos mortem e impedírselos al aficionado que tiene todo el derecho según el reglamento.


Gracias a Dios, el jurado taurino dejó los premios en desierto, tanto para la mejor faena como para el mejor toro. Feria para el olvido y que no debe quedar impune.

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