¡Volveremos farinatos!

Por Noelia Crespo

Sinceramente nunca pensé en escribir algo como esto, es más, nunca habría deseado tenerlo que hacer. Seguramente no tengan ningún sentido las líneas a continuación escritas, perdónenme de antemano, pero la tristeza y nostalgia que me abunda en estos días hace que recurra a mi mayor forma de desahogo: la escritura. La pena que perdurará en estos días será infinita y compartirla con todos los que viven el Carnaval del Toro como suyo creo que es necesaria.

Dice el calendario que hoy es viernes de Carnaval, una fecha sin duda marcada en color farinato en el calendario mirobrigense y que este año apenas cobra sentido. El jolgorio festivo del Campanazo que da comienzo de manera oficial al carnaval (puesto que en Ciudad Rodrigo el pre-carnaval se vive con mucha intensidad e ilusión los días y semanas previas) se tornará este año en un silencio descomunal y desangelado. Pasear por Miróbriga del 12 al 16 será completamente diferente. Nos han quitado una parte de nosotros por culpa del maldito Covid-19, y aunque evidentemente son tiempos de mirar por la salud de todos por encima de todo y esto no es lo más importante, no saben ustedes como duele realmente no poder vivir y disfrutar de nuestro Carnaval del Toro.

La ciudad del río Águeda perderá su esencia estos días. Sin la llegada de autobuses ni el sonido de las maletas que caminen por la acera rumbo a reposar en las casas de quienes regresan por Carnaval. Sin las agujas que marquen el recorrido. Sin los tablaos de madera que delimiten y den forma al cuadrilátero imperfecto artesanal más conocido del panorama taurino. Sin que Ciudad Rodrigo se tiña de color farinato por todos los pañuelicos atados al cuello con orgullo y cariño. Sin el ambiente festivo de locales y foráneos, disfrutando y conversando, riendo y bebiendo entre amigos y familiares en las casetas y bares de una ciudad completamente transformada en esos días, ya que una de las mejores cosas que tiene Ciudad Rodrigo es su gente, no lo duden. Sin el sonido perturbador y rotundo de la campana más gorda existente que con tan solo un “don” hace que te recorran escalofríos, puesto que nunca un solo golpe puede dar tanta información y poner a la gente tan nerviosa. Sin la presencia de la figura añeja y clásica de la ciudad, el maletilla, un loco romántico capaz de jugarse la vida por estar apenas un minuto con una muleta vieja delante de un morlaco imponente. Sin la presencia todos aquellos también locos soñadores, los recortadores, que se exponen a cuerpo limpio para disfrute suyo y deleite del aficionado. Una “guerra” necesaria y sana entre ambas partes, porque hay toro para todos. Sin la presencia de figuras del toreo ni matadores locales ni novilleros, todos ellos ilusionados por hacer el paseíllo en una plaza única al inicio de temporada y disfrutar de la cálida afición mirobrigense. Y sobre todo, lo más añorado, Ciudad Rodrigo será menos Ciudad Rodrigo sin la presencia del toro, el rey que recorre sus calles empedradas en los encierros y desencierros, que se pasea con majestuosidad por los rincones de la ciudad salmantina con un trapío admirable.

El miedo, la ilusión, la pasión, el nerviosismo, la intriga…Todo y más lo perderemos este año. Miróbriga pasará del bullicio al frío apenado en sus calles y su gente. A los que nunca lo han vivido, no pregunten por qué tanta pena, no lo podrán comprender. A los que lo vivimos año tras año desde siempre, ánimo en estos días, está claro que volveremos, no sé si con más fuerza, pero seguro que con más ganas. Salud para todos.

¡VIVA CIUDAD RODRIGO! y ¡VIVA EL CARNAVAL DEL TORO!

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